EN TU CUADERNO ME COLÉ

El  19 de septiembre de 2010, Alicia Lázuli se asomó a la vieja Caja con una de sus cartas a la tía Neus. Eran días de cuadernos y lápices de colores.

Querida tía Neus:

Estaba impaciente por hablar contigo. Menudo fin de semana. ¿Te acuerdas de aquel curso de Jaca que yo creía que era de cuentacuentos y resultó ser de dibujantes de cuadernos? ¿Te acuerdas de que me matriculé en la academia Cañada para no hacer el ridículo en el siguiente curso? Pues me ha vuelto a ocurrir. Como el año pasado el encuentro fue en Jaca, di por hecho que este también y me matriculé por internet. Imagínate mi sorpresa cuando, al llegar a Jaca con la mochila cargada de acuarelas, cuadernos, lápices de colores, pinturas de pastel y un montón de porsiacasos, descubro -ya sabes lo despistada que soy- que me había matriculado en un curso de cocina aragonesa. Pasé cuatro días en Jaca aprendiendo a hacer jarretes de ternasco, torrijas y melocotón con vino. El caso es que me quedé sin pasta –y no me refiero a ninguna receta de cocina- y no pude matricularme en el verdadero De vuelta con el cuaderno.

A veces me cuesta definir mi propio estado de ánimo y no puedo decirte, tía Neus, cuál acompañaba a la perplejidad, porque no se me ocurre nada más absurdo que asistir a un curso de cocina sin comerlo ni beberlo.

La cosa es que el viernes, al cruzar el Puente de Hierro para ir a casa, me encontré con que la ribera del río había sido tomada por un ejército armado de cuadernos y pinceles. Antes de que pudiera reaccionar, una chica con un bebé en brazos se acercó a mí diciendo: “Vaya, pero si es la despistada del año pasado, qué alegría. Dile hola, Noa”. Reconocí a Beatriz y, cuanto más me contaba del curso que se había inaugurado el jueves con Jorge Arranz –indiscutible rey del garabato capaz de llevarse al cuaderno en menos que canta un gallo los mismísimos Mallos de Riglos- y Marta Cárdenas -especialista en localizar zorros y todo tipo de bichos entre los bosques coloridos de una tela-, más me cabreaba el malentendido que me había llevado a Jaca. Por si fuera poco, habían acabado la jornada en El Plata, con lo que a mí me gustan las clases de anatomía.  Y cuando me dijo que esa misma mañana habían intervenido Josemaría Sánchez – bucanero de ríos de acuarela y explorador de peligrosos territorios de papel, que compartió con generosidad los tesoros conquistados- e Isidro ferrer –prestidigitador, equilibrista, domador de cuadernos-fiera, hombre bala, ilusionista, hipnotizador y payaso- casi me muero de envidia. “Pues ven esta noche a la fiesta… no, tonta, que no te dé corte, que irá mucha gente… toma, que te anoto la dirección… que no, que seguro que a Helena no le importa…”

En fin, tía Neus, que peleando entre el corte que me daba llegar por el morro a una fiesta a la que no me habían invitado y las ganas de ver a los locos del cuaderno del año pasado, me vi de pronto en el ascensor y, casi antes de tocar el timbre, ya llevaba una cerveza en una mano y un trozo de empanada gallega en la otra. A los cinco minutos era una más en una fiesta llena de caras que yo jugaba a reconocer, aunque, ya me conoces, después de unos días de playa soy capaz de confundir a Zapatero con Obama. “¿No es aquel el asturiano de murcia? …ah, que no ha venido… ¿Qué tal por Almería, Javier?… uy, perdón, qué despiste… ¡TOÑO! ¡TOÑO el largo tropezando en el pasillo -con ese no hay equívoco-  con los helicópteros!… ¿Y esa princesa libanesa?… ¡Pero si ese es Lapin cortando queso! ¡Y Lapinette! ¡Clara Marta, la jefa! ¡Edurne y Ana! ¡BLASMAN, el de Logroño! Le está diciendo a Agnes: -con la cara tan bonita que tienes, aún no te he dibujado. Agnes responde levantando la mano amenazante: -¿A QUE TE DOY UNA HOJA?… ”

Menos mal que me atreví a ir a la fiesta que, por cierto, era en casa una chiflada que –no te lo pierdas- acumula polvo porque dice que si el tiempo es oro y el polvo es una metáfora del transcurrir del tiempo, el polvo es oro. Mientras yo curaba la resaca, la mañana del sábado mostraba su trabajo Mónica Cid –la portuguesa que convierte en divino el cuerpo humano- y terminaban los talleres. Ya por la tarde, tía Neus, no lo pude evitar: ME COLÉ. Tenía tantas ganas de ver de cerca a Alfredo, el dibujante… No quería que nadie se enterase y quise ser discreta, pero casi me mato al bajar la escalera de la sala que, de verdad, tía Neus –esta vez no es que yo sea torpe- está llena de trampas. Y por si no había dado bastante el cante, cuando comenzaron a aparecer en la pantalla imágenes de Alfredo y él, con la voz, hacía dibujos en el aire, me empezaron –ya me conoces- a caer lagrimones y el chico que tenía a mi lado –que resultó ser Josu Maroto- tuvo que cerrar el cuaderno porque le fastidié la tinta de la página. Cómo me acordé de ti, tía Neus, porque tú fuiste la que me regaló ¿te acuerdas? para mi cumpleaños Seis barbas de besugo. En fin, que tuve que salir a respirar mientras los matriculados en el curso colgaban sus trabajos en el jol de la Escuela de Arte. Qué barbaridad, tía Neus, lo mismo les cabía en el cuaderno el Puente de Santiago que el de Piedra. Casi me alegré de haberme equivocado, porque ni con un año practicando en Cañada apruebo yo este curso. Me alegró mucho reconocer –y sin equivocarme- a Pedro Luis, a Rubén el dentista, que se escaqueó “a la francesa”, a Álex, la rubia carita de ángel, a Rodri, a Salas, a Carolina y a un montón de etcéteras.

La cosa no acabó ahí, tía Neus, porque como la noche anterior sobró por lo visto comida, me enteré de que la juerga continuaba en casa de la loca del polvoesoro. Además, había oído decir que andaría por allí mi favorito, Enrique Flores, así que ahí que me presenté con todo el morro. No te puedo decir, tía Neus, cuánta gente había, porque se agrupaban en diferentes esquinas de la casa, pero fui de sobresalto en sobresalto descubriendo de pronto que aquél de la camisa a cuadros que me había acercado el fuet era Luis Ruiz -ese arquitecto de Málaga que hace tiempo que me deja alucinada con sus dibujos en el blog de los urbanesquecherespáin-, o que los que me estaban pidiendo dos refrescos eran Beni y su marido, Josemaría Sánchez, o que el del vaso de vino era Jorge Arranz y las dos mujeres increíbles que contaban historias en la cocina eran Marisa y Mariaje, que habían venido con Alfredo y con él. A Antonia Santolaya la reconocí sin que nadie me dijera nada, porque el curso pasado ya me dejó prendada. Todo el mundo era amable, tía Neus: “Yosoyamparoytúcómotellamasmellamoalicialázuli”, “yosoycarmenaquestánbuenosloscanapéspuesyomellamoalicia”.

Ya no temo ser el patito feo, querida tía Neus, porque me he dado cuenta de que no es importante saber dibujar bien, que el cuaderno es sólo el pasaje para poder entrar en muchas partes. Y en el próximo curso, en Zaragoza, en Jaca o donde sea, no voy a descuidarme, estaré bien atenta porque no me gustaría repetir jornadas de cocina. Además, con las 1001 conversaciones, entre el lío de gente, el fuet, los pendientes de la loca del polvo, la empanada gallega y la cerveza, me despisté y me fui de la fiesta ¡mierda! sin haber saludado a Enrique Flores.

Con dibujos de Jorge Arranz, Luis Ruiz, Josu Maroto, Javier de Blas, Rubén, Monica Cid, Rubén y  Helena  Santolaya. Mucho más en De vuelta con el cuaderno.

Pinta, colorea…

Neil Young – Old Man.mp3

Neil Young – A Man Needs A Maid.mp3

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POETODOS

Todo ocurrirá en Fuendetodos. Será como abrazar a un Goya hecho palabra, con el gesto perdido y la mirada estrujada. Será Poetodos. No será Poenadas. Estará María Sánchez abriendo la tapa. Helena Santolaya tenderá las sábanas. Y los versonautas Lucía Camón, Paula Silvestre, David Trashumante, Avelino Saavedra, Carlos Luna y Clara de Luna cogerán la barca. Hacia la medianoche, DJ Rafi prenderá las brasas. Al día siguiente vendrán los niños y sus carcajadas. Y entrarán los poetas por las ventanas. Sandra Lario, Daniel Rabanaque, David Giménez jugarán por las casas. Hasier Larretxea se encargará de la leña y Grassa Toro traerá las viandas. Y habrá fin de fiesta, porque si no, el adiós no sabe a nada.

El festival Poetodos se celebra el 6 y 7 de abril en Fuendetodos (Zaragoza).

The Kinks – Sunny Afternoon (YouTube)

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MALA ESTRELLA

Alicia Lázuli nos envía un aviso necesario, casi obligatorio. Este jueves día 7 de febrero, a las 19.30 horas, se presenta en la Fnac de Zaragoza el poemario Mala Estrella, de Elena Pallarés. En el acto, intervendrán, además de la autora, Trinidad Ruiz Marcellán (editora), Túa Blesa y Helena Santolaya.

¿Es Mala estrella un libro de poemas? ¿Es un solo poema fragmentado en tantos rayos de luz poética como nombres recoge la agenda emocional de Elena Pallarés? Mala estrella es, en cualquier caso, un libro estrella, un lugar común convertido de forma magistral en lugar de excepción gracias a una poeta que, si ya nos había sorprendido con El Malentendido, Ajuste de cuentas Ella guarda secretos, ahora nos ofrece un inquietante diálogo entre la vida y la muerte que la sitúa entre los nombres propios imprescindibles de la literatura. Lectura obligatoria, Mala estrella.

Sobre estas líneas, la obra ‘Venus y Adonis’, de Helena Santolaya y Elena Pallarés.

Rosalía – Me quedo contigo (YouTube)

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EL NÚMERO CIEN

Pablo Díaz publicó en La habitación de Klaus este conmovedor relato sobre esa furtiva mirada atrás que acompaña el abrazo de la parca.

Las calles se escapan por el vértice de un cono vacío. También el ruido del tráfico, el bullicio de gente saliendo de algún edificio público, los gritos de los insensatos, el tamborileo de pasos de los que van decididos a alguna parte. Todo escapa de esta azotea, la del edificio más alto. Todo escapa como barrido por el viento incivilizado. Quedo yo y queda el sol, y estos dedos de los pies torcidos y aferrados al filo como las garras de un buitre. Debo pensar en algo, eso dicen, hacer repaso de mi vida o recordar mi infancia. Debo fumarme un cigarrillo antes de saltar, es lo que hacen todos los condenados a muerte, o al menos eso dicen. Pero yo no fumo ni estoy condenado a morir, al menos no en mayor medida que todos esos de ahí abajo. Por otro lado, ¿para qué voy a pensar en mi vida? Dentro de unos segundos mi encéfalo ocupará una superficie considerable de acera y nadie podrá recuperar lo que ahora piense, y menos mis recuerdos de infancia.

Aunque ya he decidido no pensar me he forzado a contar hasta cien antes de dar el paso definitivo. No es más que una manera de concretar el momento, de no tener que tomar la decisión de que sea este preciso instante y no el posterior, o el que le siga. Será en el segundo cien, un número incuestionable. Uno, dos, tres…

Uno no puede dejar de pensar aunque cuente. La sucesión de números termina más bien por convertirse en letanía, en la música de fondo de una imagen sólida. Y en este caso esa imagen es el rostro de mi padre. Mi padre. Fuera. No merece ser uno de mis últimos pensamientos. No por mala persona, sino por persona gris, inacabada, incapaz, incompetente, y todos los “ines” que a uno le vengan a la cabeza. Dieciséis, diecisiete. Odio tener que escuchar su monserga día tras día, ese discurso que no es más que un edificio dialéctico sobre sus frustraciones. Mi padre es tan aburrido de pensar que su sola idea le tienta a uno a saltar antes de terminar la cuenta… Pero no, contaré hasta el final, hasta cien, porque cien es un número incuestionable. Mi madre, entonces, ¿por qué ella? ¿Por qué me tengo que acordar de mi familia antes de morir? Debe de ser algo cultural, supongo, aunque no creo que sea ahora momento de investigarlo. Mi madre. Veintisiete, veintiocho. Mi madre es una persona vital, sin duda. Una persona vital que sufre. Siempre la recuerdo sufriendo por cualquier cosa. Dicen que el sufrimiento es una actitud que viene con la condición de madre, eso dicen. Lo de mi madre es distinto. Treintaiséis. Sufría como todas al principio, es decir, poco a poco. Aunque todo cambió el día que mi hermano perdió un ojo con la aspiradora. No volvió a ser la misma. Le preguntabas y no contestaba, sólo comía. Sólo come.

Creo que es mi madre la que debería estar en mi lugar, aquí, apunto de morir. Ella tiene motivos para quitarse la vida, motivos de esos que uno puede aducir en una sobremesa y que a todos les hace comprender y agachar la cabeza. Cincuentaiuno, cincuentaidos, cincuentaitrés. Pero ella no se suicidaría nunca, no, porque es vital. Yo, por el contrario no soy vital pero soy feliz, hasta donde da de sí la palabra, claro. No tengo ningún motivo por el que acabar con mi vida más que el puro hastío. Me hastía la gente, con sus caras de panoli y sus palabras autocomplacientes, que son casi todas las que no expresan queja. La gente, cuanto más cercana a uno tanto peor. Por ejemplo mi novia: no la soporto. Sesentaitrés. Ni a mi novia ni a su incesante obsesión por la maternidad y por la limpieza. Como si estuviera programada. Así son las novias, dicen, pero a mí eso no me consuela.

Mi hermano es otro ejemplo, me pudre ver a mi hermano el tuerto, y el victimismo que ha desarrollado en torno a su accidente. Setenta. Es patético el pobre, y va por ahí pidiendo cigarrillos a los amigos. Detesto a los amigos, por principios, detesto la amistad. La amistad es el pretexto perfecto para soltarle el rollo a otro. Setentaicuatro. Si tu amigo está deprimido, debes ejercer de psicólogo. En sus momentos de euforia, sin embargo, bombardea con proyectos irrealizables a los que hay que atender y alabar para que no se deprima. Ochenta. La amistad es otro ansiolítico, éste contra la soledad. Pero no es el único. Ochentaidós. En el fondo, todos los de ahí abajo están anestesiados. Viven anestesiados para no enfrentarse a la realidad, que a veces se muestra cruda o triste aunque casi siempre es inquietante. La gente nace, vive y muere anestesiada. Ochentaicinco. Como mi padre y mi madre, y mi hermano el tuerto y mi novia y los amigos y todos esos puntos negros de ahí abajo, que se mueven bajo mis pies y que van decididos a alguna parte. Todos anestesiados. Noventa. Quizá si alguien les dijera… Si alguien les guiara… Alguien como yo que ha despertado. Podría hacerlo, claro, iluminar a la humanidad. Podría ser yo ese profeta que pone luz en todo esto. ¿Por qué no? “Hermanos, os voy a descubrir el secreto del tiempo…”. Noventaiséis, noventaisiete. Podría escribir todo un discurso, sí, que penetrase en las cabezas de todos y cambiase el mundo. Pero es tarde, ya llego al número cien. Ya estoy ahí y tengo que saltar. Porque cien es un número incuestionable.

El artista Javier Velasco describió en ‘Precipitados/Skyfall’ la caída al vacío que acompaña a todo artista al lanzarse hacia la creación.

Spiritualized – I’m Your Man (YouTube)

Spiritualized – Here It Comes (The Road) Let’s Go (YouTube)

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UN RELATO EN LA HABITACIÓN

El 13 de agosto de 2010, el Sastre avisó de un nuevo relato en La habitación de Klaus. Era obra de Pablo Díaz.

“Las calles se escapan por el vértice de un cono vacío”. Así inicia Pablo Díaz su relato El número cien, que estrenó hace unos minutos La habitación de Klaus. ¿A quién dedicaríamos nuestro último aliento? ¿Qué merecería nuestra atención antes de abrazar a la parca? Eso se pregunta Pablo Díaz mientras camina inexorablemente hasta el número 100, quizás buscando anestesia. “Uno no puede dejar de pensar aunque cuente”. Es verdad. Solo la muerte deja al pensamiento en la sala de visitas. Pero este deambular por el recuerdo y la frustración no es el único regalo que nos ofrece nuestra web hermana. En las últimas semanas, La habitación de Klaus ha mirado a las mujeres, hermosas, intensas, hipnóticas. La primera es Romy Schneider y sus ojos de cielo y celuloide. En un clip que recoge recortes de la inacabada obra “Inferno”, de Henri-Georges Clouzot, se muestra turbadora y magnética, como un árbol de amianto en su versión caleidoscópica. Después llega Anna Karina, desnudada por Godard en “Vivre sa vie”, quien descubre sus ángulos y círculos, tanto los físicos como los del alma, en una escena que retrata el rostro de la mujer bella y su fascinante emoción. Más ufana, Jean Seberg se deja cautivar por ese chulo irresistible que es Jean Paul Belmondo en “Al fnal de la escapada”. Con sus periódicos en el brazo, Seberg sublima el coqueteo ante el caradura de su vida. Y, por último, Jean Moreu, en la sensual “Los amantes”, de Louis Malle, con las manos entrelazadas, disfrutando del éxtasis, del escándalo… Bueno, tras este preámbulo quizá innecesario, en su doble perfil de oscuridad y luz, La habitación de Klaus espera vuestra visita. No nos falléis.

El inglés Tom Hoops ilustra este artículo con uno de sus expresivos y personales retratos.

Miente…

Arcade Fire – The Suburbs.mp3

Arcade Fire – Reflektor.mp3

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LABORDETA

Este crucigrama de Helena Santolaya y Mariángeles Cuartero fue publicado el 10 de agosto de 2010 en la vieja Caja de los Hilos.

El 31 de julio miles de personas acudieron al Monasterio de Veruela para manifestar su reconocimiento y cariño a José Antonio Labordeta, a quien estaba dedicado el IX Festival Internacional de Poesía Moncayo. Muchos fueron los artistas que participaron con su obra, su palabra o su voz. La caja de los hilos quiere también adherirse a este abrazo poético. Os invitamos a resolver el crucigrama que Helena Santolaya y Mariángeles Cuartero confeccionaron hilvanando la vida y obra de José Antonio Labordeta.

Somos…

José Antonio Labordeta – Somos (YouTube)

José Antonio Labordeta – Canto a la Libertad (YouTube)

Muy pronto, las soluciones al crucigrama…

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25 DE NOVIEMBRE DE 2018

Helena Santolaya leyó esta carta de Alicia Lázuli en el instituto Tubalcaín de Tarazona (Zaragoza), con motivo del Día internacional de la eliminación de la violencia contra las mujeres.

Querida tía Neus, cómo me gustaría que estuvieras aquí ahora que se aproxima el
25 de noviembre. Ya sé que tú siempre dices que la lucha contra la violencia hacia la
mujer no puede limitarse a un solo día, que ha de ser una tarea permanente, pero no
puedo evitar un nudo en la garganta cada 25 de noviembre. Tú me contaste que fue el
movimiento feminista latinoamericano quien acuñó esa fecha en 1981, conmemorando
la muerte de Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, tres hermanas violentamente
asesinadas en la República Dominicana en 1960 por su oposición al dictador Trujillo,
y que más tarde, en 1999, la ONU se sumó a la jornada reivindicativa y declaró cada
25 de noviembre Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.
Entiendo que es necesario que los gobiernos tomen conciencia del problema, que se
tomen medidas para combatirlo, pero es triste que tenga que institucionalizarse un día
para recordarnos lo que nunca debería ocurrir, ¿no te parece, tía Neus? Es desalentador
pensar que la violencia ejercida contra las mujeres es la más extendida en el mundo, no
en algunos países del mundo, no, ¡en el planeta entero! Y lo peor es que los hombres
no se dan cuenta: cuando les hablas de violencia de género, te responden que de qué
género, que también ellos sufren muchas veces la violencia de las mujeres. Yo no digo
que las mujeres no podamos ser violentas, pero ¿alguna vez un hombre, caminando
solo, ha sentido temor al cruzarse con una mujer por la calle? ¿Alguna vez un chico ha
sentido temor de ser violado por un grupo de chicas, por una manada femenina?

Hace poco escuché un discurso de Chimamanda Ngozi, la feminista nigeriana de
la que me hablaste. Cómo me gustó, tía Neus. Habla con tanta claridad, con tanta
sencillez… Es cierto que la situación no es del todo la misma en Nigeria y en España,
pero su discurso ilustra muy bien el problema del género, que no es exclusivo de
ningún país. Yo no era partidaria, ¿te acuerdas?, de utilizar la expresión “violencia de
género”, me parecía más acertado hablar de “violencia machista”, pero ahora no estoy
segura porque, como dice Chimamanda, si no existiera la distinción de géneros, si no
existieran los roles de género, la relación entre hombres y mujeres sería radicalmente
distinta. Según ella, la cultura no hace a la gente, es la gente la que hace la cultura. Y
si una cultura, la nuestra en este caso, ha establecido tradicionalmente esos roles, nada
nos impide cambiarla. Claro, que esa es una labor lenta, una labor que pasa, sobre todo,
por la formación, por la educación, ¿no te parece, tía Neus?

¿Recuerdas que en tu última carta me recomendabas el libro de Nuria Varela Feminismo
para principiantes? Pues me hice con un ejemplar y tengo que darte las gracias,
aunque casi me siento avergonzada por desconocer a tantas mujeres importantes, a
tantas mujeres combativas a quienes la historia ha pretendido silenciar. Tampoco sabía,
tía Neus, que el color violeta es el color del feminismo en el mundo entero y que la
leyenda cuenta que es en honor de las 146 mujeres que murieron en 1911 en una fábrica
textil, al no poder escapar de las llamas porque los responsables habían cerrado con
llave las puertas. ¿Eran de color violeta las telas sobre las que las obreras trabajaban?
¿Era violeta el humo que se desprendía del incendio y que envolvía la ciudad de Nueva
York? La leyenda se ha fundido con la historia, porque, sea como fuese, el color violeta forma parte ya del relato feminista. No quiero frivolizar, tía Neus, pero qué extraño es el
poder de los colores. Y qué absurdo, en ocasiones. Porque, como tantas cosas, se trata de
una construcción cultural. Desde luego, los colores no están biológicamente asociados
a ningún género; además, ¿sabías que, hasta no hace tanto tiempo, en muchos países
de Europa y de fuera de Europa, el color rosa era el que se asociaba con los chicos?
Bueno, tía Neus, que ya sabes la facilidad que tengo para irme por las ramas. Que solo
quería escribirte porque, en fechas como la del 25 de noviembre, me acuerdo mucho de
ti y de todas las cosas que me contabas antes de que te marchases, cuando me hablabas
de cómo las mujeres de tu generación luchabais por la igualdad en una época en la que
solo sugerir que las mujeres tenemos derechos era un acto de valentía, en una época en
la que pronunciar la palabra igualdad podía llevarte incluso a la cárcel. Muchas cosas
han cambiado desde entonces, pero queda todavía un largo camino por recorrer porque
el maltrato y la violencia machista siguen existiendo, las esquelas con nombre de mujer
siguen tiñendo de negro las páginas de nuestra vida cotidiana. Y, aunque, desde luego,
debemos exigir la responsabilidad penal para los agresores, todos, hombres y mujeres,
somos responsables en mayor o menor medida de la escisión de géneros. Cada vez que
justificamos el trato brusco, descortés o grosero porque es lo normal entre los chicos,
estamos contribuyendo a la segmentación. Cada vez que hacemos un regalo con el
filtro de lo que es propio de una chica o un chico, estamos contribuyendo a perpetuar
los roles de género, cada vez que miramos hacia otro lado cuando detectamos una
conducta inadecuada, estamos alimentando la violencia.

Sueño con una sociedad donde el género no sea más que una propiedad gramatical,
donde cualquier persona pueda caminar descalza, con tacones o con zapatillas sin
miedo a ser agredida, donde las mujeres no tengamos que sentir temor al tropezarnos
con un hombre o con un grupo de hombres, a cualquier hora del día o de la noche.

Porque las mujeres, tía Neus, no queremos sentirnos valientes cuando salgamos a la
calle, queremos sentirnos libres.

Un abrazo. Y espero verte pronto.

Alicia

Las ilustraciones que acompañan el texto son obra de Antonia Santolaya y forman parte del libro Feminismo para principiantes, de Nuria Varela.

Rozalén – La Puerta Violeta (YouTube)

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EL AIRE FICTICIO

alissa-monks1El calor. Maldito calor. En el recuerdo quedan los besos de aire llegados del frío. Y Sonia Fides, que siempre está ahí.

Cuando Ada se levantó continuaba siendo verano. La habitación estaba fría, pero  los árboles no dejaban de moverse bajo la dictadura de un aire ficticio que ella sabía que iba a huir en cuanto pusiera un pie en la calle. Se metió bajo la ducha. Giró la esfera de metacrilato que traería el agua y le ofreció su cara al vano de la ventana abierta. Mentira o no, sabía que aquel aire ficticio, aquel inesperado milagro gaseoso, era el  único que podía salvarla. Después volvería el calor.

Sonia Fides (Madrid, 6 de julio de 2010)

Alyssa Monks ilustra este texto con una de sus pinturas de agua, aire y belleza.

Un inesperado milagro…

Ben Harper – She’s Only Happy In The Sun.mp3

Ben Harper – Morning Yearning.mp3

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ANOCHE SOÑÉ QUE MIRABA

 M. nos envió un sueño el 13 de junio de 2010. Ese que solo podría fotografiar Robert Doisneau.

Una mirada oblicua, el sol, una sonrisa, unas piernas, una broma, un niño, Jacques Tati, la lluvia. Un beso. Robert Doisneau. Anoche, cuando las avenidas crujían como los muelles de un viejo colchón, soñé que miraba como Doisneau. Una mirada limpia y suave que recorría los adoquines mojados de las callejuelas de París con la curiosidad al galope. Las 70 imágenes de la muestra “Robert Doisneau, Pescador de Imágenes”, del Espacio para el Arte de Cajamadrid, en Zaragoza, no son harapos sucios, porque hasta la mugre se tizna de esperanza ante los ojos de este viejo tipógrafo reconvertido en fotógrafo y fabulador urbano. Sus bellezas tomando un baño de sol, sus niños aturdidos por la ensoñación del recreo, los esforzados operarios agarrando de los pechos una Venus de bronce que se resiste a andar, la cadencia de sus claroscuros, los dedos de Picasso, su nostalgia y su tristeza. Las imágenes de Doisneau son un tiovivo bajo la lluvia, un carrusel de soledad desde el que se observa el deambular extraordinario del pálpito de la ciudad. Su mirada sugiere un ejercicio sutil ante lo cotidiano, un recorrido por el alma popular, por el instante desapercibido, frente a la arrogancia de la impostura. Retrata a los ricos, a los pobres, a Simone de Beauvoir y al vendedor de fruta, siempre socarrón con su cigarrillo sobado en los labios que parece intuir que, a su espalda, dos amantes se besan, quizá en dirección a un callejón oscuro en el que llevarán a las manos el nervio de su pasión. Así es Doisneau, cazador de emociones en un mundo vulgar y desgraciado del que consigue destilar ironía y literatura. Por eso anoche soñé que miraba como Doisneau. Y cerré los ojos.

La exposición “Robert Doisneau, pescador de imágenes” se abrió al público el pasado 8 de junio en el Espacio para el Arte de Cajamadrid, en Zaragoza. Se puede visitar hasta el 27 de julio. Sobre estas líneas, “El beso de l’Hotel de Ville”.

Mira…

Charles Trénet – Douce France.mp3

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DOMINGO

Pablo Díaz visitó esta caja con el tiempo enganchado en el pelo el 29 de abril de 2010. Nos presentó un domingo apresurado, articulado y fugaz. Bello. Tierno. Plácido.

Domingo. Siete treinta. Mensaje: Ven a casa. Él.

Ducha. Pelo recogido. Gel de frutas. Ph neutro. Body milk. Crema hidratante. Reafirmante. Antiarrugas. Antitiempo. Pintalabios rojo: no. Lápiz de ojos. Sombra. Maquillaje casual. ¿Cómo si no? Maquillaje natural. Perfume. Eso sí. Perfume. Bragas. Pantalón. Sujetador. Blusa.

Calle. Ruido. Gente. Gente de compras. Tráfico. Semáforo. Taxi. Cuero. Huele a cuero. Al arrabal. Gente (en silencio). Estanco: pare. Marlboro. Siga. Edificios (en silencio). Niños. Eso sí. Niños. Aquí. Cinco veinte. Cobra. Portal. Bolso: no hay. Calle. Bar. Baño. Condón. Bar. Calle. Portal. Ascensor. Quinto C. Timbre.

Hola. Hola. Pasa. Beso. Beso. Beso. ¿Cerveza? No. Beso. Beso. Manos. Piel. Saliva. Cama. Pantalón. Camisa. Blusa. Pantalón. Sujetador. Beso. Bragas. Beso. Calzoncillos. Beso. Beso. Polla. Boca. Polla. Boca. Coño. Dedo. Coño. Dedos.

Condón. Polla.

Coño. Polla. Coño. Polla. Coño. Orgasmo. Beso. Cigarro. ¿Sabes? No. Silencio. ¿Quieres? No. Silencio. Pantalón Sujetador. Blusa. Beso. Adiós. Beso. Ascensor. Portal. Calle. Semáforo. Taxi.

Edificios (en silencio). Pensamiento: polvo articulado. Gente (en silencio). Niños. Eso sí. Niños.

La sensualidad del neoyorquino Jonathan Leder nos invita a jugar con la piel y con el aire.

¿Quieres?

Us3 – Cantaloop.mp3

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