UN RELATO EN LA HABITACIÓN

Tranquila y relajada, con un poco de rímel en las pestañas, La habitación de Klaus retorna con un hermoso relato de nuestra adorada Sonia Fides titulado ‘Trucos fáciles para días duros’. Se trata de suave suspiro de ambición y pérdida, de inseguridad cosechada con las horas y los días, de reencuentros, de retornos y de viejos fantasmas. Pero no solo de cuentos vive Klaus, aunque sean tan bellos como este. Junto a las palabras de Sonia Fides deambulan, por ejemplo, las deliciosas imágenes de los gemelos Stephen y Timothy Quay, los Quay Brothers, que nos muestran su obra ‘The Calligrapher’. El quehacer hipnótico se lo lleva el videoartista francés François Vogel, con los espectaculares marabarismos ópticos de ‘Cuisine’. Lo que da de sí una vulgar cocina… Con los acordes de Prokofiev, el sorprendente Georges Schwizgebel nos deslumbra con ‘Jeu’, una animación juguetona y mágica de sorprendente originalidad. Por último, La habitación de Klaus esboza una sonrisa irónica y retro con ‘Pixel’, de Patrick Jean. Bueno, os dejo con Sonia y con todo lo demás. Que lo disfrutéis. Besos y hasta la próxima.

Sonia Fides me recuerda, no lo puedo evitar, a la belleza sofisticada de las fotografías de Miles Aldridge.

Maquíllate…

Bigott – She’s my man (YouTube)

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EN LA CELDA DE AL LADO

Coleguita retornó a la vieja Caja el 25 de marzo de 2010. Estaba en el trullo, en la celda de al lado de otro viejo conocido.

Se lo he dicho bien clarito a la hora del almuerzo. Tú fíjate en Pepe Carvalho, lo que le pasa con el Martini. Dice: “No existe el Martini perfecto, o nunca te lo sirven en un bar. Todo Martini tiene ese punto artesano y casero que le deja a uno insatisfecho. Y la insatisfacción lleva a pedir otro, y otro, y otro”. Mírame a mí (le decía) con la primera bola de costo ya me escocía el ojete, pero yo erre que erre, me metía otra y otra. Hasta doscientos gramos me trincaron. Es lo que tiene la insatisfacción. A ti te ocurre con las palabras, Amadeo, se te quedan para dentro como si te las tragases, y eso genera mala hostia. Y esa mala hostia quita el habla. Y así y así. Lo siento compañero pero creo que lo tuyo es un claro caso de insatisfacción galopante. ¿Te masturbas?

Amadeo está solo en la celda de al lado, callado como siempre. Mi compañero es un negro cachas que me quiere rajar lo pantalones y subirme las bolas de costo hasta la garganta esta noche. He pedido el cambio de celda, no sé cuánto podré resistir. Espero que no le importe a Amadeo que me metan con él, al fin y al cabo estamos en la misma caja…

Al fotógrafo alemán Jürgen Chill no le basta con contemplar la vida a ras de suelo. Prefiere la visión cenital, como en su serie “Zellen”, en la que retrata celdas de diversas cárceles alemanas desde el mismísimo techo.

Insatisfacción…

Cicciolina – Satisfaction (YouTube)

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EL PEQUEÑO TEATRO DE ANTONIA

Hace ya unos años, Antonia Santolaya pasó por Zaragoza para presentar en El pequeño teatro de los libros, una librería ya desaparecida, sus últimos trabajos para la editorial Hotel Papel. Esto publicó la vieja Caja el 7 de marzo de 2010.

Conversación escuchada por casualidad en el autobús de línea al Hotel Papel, donde la palabra saca a las cosas de su silencio y los ojos de los niños son de color caramelo.

-¿Es rubia o morena?

-Uhmmm… tiene el pelo de color fresa… no, no, no, naranja… no, no, no, violeta… uhmmm… no sé…

-¿Es alta o baja?

-Uhmmm… es muuuuuuuy alta…. no, no, no, es muuuuuuuy pequeña…. no, no, no, es como… uhmmm… no sé…

-¿Es gorda o flaca?

-Uhmmm… es como un gran globo… no, no, no, es como un hilo de alambre… no, no, no, como la cúpula de una iglesia… uhmmm…  no sé…

-¿De qué color son sus ojos?

-Uhmmm… son negros como un túnel… no, no, no, son verdes como algas… no, no, no, de color caramelo… uhmmm… no sé…

-¿Es joven o mayor?

-Uhmmm… es una niña muuuuuuuy pequeña… no, no, no, es una niña muuuuuuuy anciana… uhmmm, no sé…

-¿Sabes dónde vive?

-Uhmmm… en París… no, no, no, vive en Argelia… no, no, no, en la India… no, no, no, vive… uhmmm… no sé…

-¿Sabes cómo se llama?

– Pues claro, se llama Antonia Santolaya.

-¿Tú has visto sus dibujos?

-Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii.

-¿Te gustan?

-Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii.

-¿Y cuándo viene a Zaragoza?

-El 12 de marzo, que es viernes, a las ocho de la tarde.

-¿A qué viene?

-A divertirse en el Pequeño Teatro de los Libros, que está en la calle Silvestre Pérez, 21, en el barrio de Las Fuentes.

-¿Tú vas a ir?

-¡Vaya pregunta! ¡Claro!

La ilustradora Antonia Santolaya que, según testimonios fiables, tiene varias cabezas, un puñado de ojos, pies grandes y pequeños, personalidad múltiple y residencia en distintos lugares, vino a Zaragoza a presentar sus dos últimos trabajos para la editorial HotelPapel: María Zambrano. La música de la Luz (con textos de Luisa Antolín) y Nico y el bebé estrella (con textos de Susana Gómez Redondo). La ilustración que acompaña estas líneas es de esta última obra. La caja de los hilos estuvo allí, claro.

Sueña…

The Beatles – Blackbird (Youtube)

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LES DIRÉ

El 25 de febrero de 2010, Amadeo Martillo tomó una decisión determinante que cambió su vida para siempre.

El volante de piel de tigre se agarra a las manos y no las quiere soltar. Los policías no tardarán en llegar y entre luces parpadeantes me dirán que salga del coche y me preguntarán quién soy y qué hago aquí. Les diré que soy Amadeo Martillo, hombre, taxista, casado, viejo, calvo, borracho, loco, triste, solo. Les diré que soy un hijo de la gran puta. Y me preguntarán qué ha pasado. Y les diré que noté la navaja en el cuello, una gota de sangre, las sienes sudadas, los párpados rojos, el palpitar de la nuca, el dolor en la tripa. Les diré que gritó, que le di la caja, que le miré despacio, que respiré hondo, que no dije nada, que el sol hacía horas que se había marchado y que la noche dio un paso atrás, que los aviones parecían estrellas azules y que no veía bien. Les diré que salió corriendo hacia la parca, que yo cogí la pistola de la guantera, que me dolían las piernas, que se me había acabado la ginebra y que hacía tres días que no dormía. Les diré que echaba de menos a Carol. Les diré que cayó muy rápido, que su cabeza estalló en la acera, que la sangre era negra, que las monedas bailaron sobre los adoquines, pero no sonaron, y que cerca estaba la tierra y las hojas. Les diré que no lo siento. Les daré el arma, escupiré en el suelo, les acercaré las muñecas, me colocarán las esposas y escupiré otra vez.

El tintineo de las luces de la policía se balancea sobre mis pupilas. A lo lejos suenan las ambulancias. Pido permiso para fumar mientras fantaseo con el tacto de las rejas. El taxi se queda solo, con las puertas abiertas. Empieza a llover.

Nota de los tres carretes sin hilo: Amadeo Martillo permanece en la cárcel de Zuera a la espera de juicio. El fiscal solicita 12 años de prisión para él.

Saul Leiter, el fotógrafo del color en los años 50. La lluvia tras un cristal y una mirada esquiva escondida en la acera. Clic.

The Black Keys – Lonely Boy.mp3

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MARATÓN

Desde que se celebró en Jaca el curso dirigido por Clara Marta “De vuelta con el cuaderno”, Zaragoza se fue convirtiendo en el paradigma del pincel y la acuarela. Hemos trasladado a La caja de los hilos la crónica que Alicia Lázuli escribió del I Maratón de dibujo y que se publicó en el blog vecino Devueltaconelcuaderno allá por el mes de noviembre de 2009.

Querida tía Neus:

Estaba impaciente por hablar contigo y por contarte que participé en el I Maratón de Dibujo en Cuaderno que el sábado pasado reunió en Zaragoza a un montón de gente armada con lápiz y acuarela. Como de costumbre, no fue fácil llegar al punto de encuentro porque –ya sabes lo despistada que soy- acudí a las 11 de la mañana a la Plaza de los Sitios y me encontré con la Escuela de Arte cerrada  y una furgoneta roja en la puerta como todo signo de señal humana. Recordé después que la nueva Escuela se encuentra en la margen izquierda del río y que allí era la cita. Cuando llegué a la terraza del nuevo edificio se me pusieron los pelos de punta: personajes de todas las edades, sexos y colores garabateaban sus cuadernos intentando meter a presión el Pilar, El Ebro o la antena de televisión vecina.

Empecé a reconocer rostros de los que había conocido en Jaca y comenzó una larga ronda de abrazos. La alegría del reencuentro me hizo olvidar la sensación de patito feo que tenía por no dominar el dibujo (y eso que ya sabes que me matriculé en la Academia Cañada y he progresado mucho). Saqué mi libreta y, como si estuviera atacada por la Cuadernitis A, empecé a dibujar a todo el que se encontraba en ese momento en la terraza. Si cabían el Ebro, el Pilar y hasta la televisión aragonesa, por qué no iban a caber cincuenta pirados en mi cuaderno. No tuve tiempo de comprobarlo porque apenas había conseguido dibujar –otra cosa es que se parezcan- unas pocas personas, Clara Marta, la capitana, nos dirigió hacia el centro de la ciudad para poder templar los dedos con una taza de café caliente porque, contra todas las predicciones, el sol brillaba, pero por su ausencia. Desde las cristaleras de “El Real”, en la esquina de la calle Alfonso, se podía dibujar el Pilar que -ya más de mediodía- reunía en su plaza una buena representación de fieles y de infieles. Algunos optaron por quedarse en la esquina o por callejear buscando otros lugares que llevarse al cuaderno. Antes de acudir al restaurante del Centro de historia, que a las dos de la tarde serviría como punto de encuentro, pasamos por un solar de la calle Santiago donde José Azul había instalado sus “seres que pululan”, esculturas de hierro que algunos se llevaron también a la libreta. Yo preferí llevarme un trozo de jamón, pero a la boca.

Clara Marta había reservado mesa para treinta, pero, aunque muchos se quedaron atrapados en la torre que estaban dibujando o tenían otros planes, todas las previsiones fueron pocas y, como apóstoles del cuaderno, doce de nosotros fuimos a comer al Entalto haciendo una parada en el Millán, esa bodega a la que vamos a tomar el vermut siempre que vienes de París, tía Neus. Me quedé alucinada con Fouad, un amigo de Toño el de Madrid (que es capaz de llevarse al cuaderno el parque de bomberos de Getafe) que nos dibujó a todos sin mirar el papel y que se marcó un dúo con Teresa de la Cal de morirse. Mientras ella sujetaba el bolígrafo como si fuese un detector de actividad sísmica, él movía el cuaderno… un ejercicio de verdad asombroso.

Aunque eché en falta a más de una persona, todo fue emocionante: la comida, el café en el Centro de Historia, el paseo para ir a dibujar la haraponave (la llaman así porque Helena Santolaya y sus amigos intercambiaban allí, como pretexto de la fiesta, ropa vieja), el regreso al Pasaje del Ciclón, último punto de encuentro de la jornada…

La verdad es que yo no dibujé Zaragoza, al menos no en el sentido arquitectónico, porque al final del día lo único que había recogido en mi cuaderno era un montón de rostros poco reconocibles, pero te aseguro, tía Neus, que tienen para mí más poder de evocación de la ciudad que los mismos leones de bronce del Puente de Piedra.

Te echo de menos, tía Neus.

Alicia.

Los dibujos son de Helena Santolaya.

Colorea…

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Y LOS MAGOS…

Agnes Daroca se estrenó el 14 de enero de 2010 en la vieja caja con las reflexiones propias del cambio de año, esas que invitar a iniciar una nueva etapa en la que no faltarán cuaderno y rotuladores.

Ahora sí que hemos terminado el ajetreo de salida y entrada.

Entre todos los regalos me quedo con lo vivido, porque lo recibido hoy me lo recuerda. Unos cuadernos en el bolso, rotuladores, olor a pegamento, canciones, poemas, risas, lágrimas… gente.

Ha sido el año de la pérdida y la ganancia.

Una coincidencia, varias casualidades y me encuentro con el corazón lleno pero sin dejar el hueco de mis algunos.

Como escuché hace poco: “A todos los que habéis estado, los que estáis y los que estaréis”.

La obra que acompaña este artículo es de la propia Agnes Daroca.

Dibuja….

Animal Collective – No More Runnin.mp3

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PERO… ¿POR QUÉ?

El 3 de enero de 2010, Martes nos envió un texto que analizaba la duda como oportunidad vital. Muchas gracias por abrir nuestra caja.

Dicen que un “¿por qué?” comienza a evaporarse despacito cuando hallas alguna contestación convincente, dicen que se va borrando y al final desaparece sin dejar rastro.

Yo últimamente no consigo encontrar respuestas, al menos algunas que me crea del todo. Por eso mis “porqués” tardan tanto en irse, o no se van. Por eso estoy aprendiendo a vivir con ellos.

El último es enorme y me persigue, me lo encuentro por todas partes. Creo que quiere que estemos juntos (le delata el cepillo de dientes forastero que ha dejado en el lavabo).

Intuye, seguro, que nunca encontraré las explicaciones que busco. Y percibe por eso que puede quedarse.

Esta mañana nos hemos cruzado en el pasillo, cuando apenas empezaba a despertarme, y me ha plantado un beso en los morros (que me ha dejado toda enredada).

Sé que nunca encontraré las respuestas que busco. Estoy por hacerle un hueco en mi cama.

El fotógrafo hispano-australiano Javier Ibarra barniza de sensibilidad y dulzura todo lo que mira.

Preguntas…

Annie Lennox – Why? (YouTube)

The Beatles – Because (YouTube)

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GARABATILANDIA

El 20 de noviembre de 2009, la vieja Caja avisó de la I Maratón de Dibujo en Cuaderno de Zaragoza. Aquí está.

Helena Santolaya nos invita a que participemos en el I Maratón de Dibujo en Cuaderno de Zaragoza. ¿Para qué? Para salir del armario, recorrer la ciudad y sacar el dibujante que llevamos dentro. ¿Por qué? Porque desde Sketchcrawl se ha llevado a cabo una convocatoria mundial y estamos en el mundo. ¿Con qué? Con un cuaderno, un lapicero y lo que nos dé la gana. ¿Cómo? Acudiendo a las 11 de la mañana a la terraza de la nueva Escuela de Arte (en la margen izquierda, junto al edificio de la televisión autonómica). ¿Dónde? En Zaragoza. ¿Cuándo? El sábado, 21 de noviembre. Hemos contratado un bonito día de sol. No podemos desaprovecharlo. Si quieres saber más, pásate por De vuelta con el cuaderno. Allí nos vemos.

El dibujo es de la estupenda Clara Marta, la gran dinamizadora del dibujo en cuaderno de Zaragoza.

Dibuja…

Shirley Bassey – Diamonds Are Forever (YouTube)

Shirley Bassey -Light My Fire (YouTube)

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ALIX

La vieja Caja de los Hilos publicó el 14 de noviembre de 2009 un texto de una nueva colaboradora. A través de Be Lén, nos llegó un texto de Do Ra que nos hizo mucha ilusión, porque se estrenó como colaboradora de La caja de los hilos. Sus palabras hicieron referencia a la visita a Teruel del fotógrafo de la movida Alberto García-Alix.

Me despierto asustada, veo demasiada luz colándose por mi persiana, pero compruebo que no, que es pronto todavía. Noto su brazo que me agarra por detrás, veo sus tatuajes sobre mi piel. La pulsera se me clava en las costillas. Su mano descansa en mi pecho y su polla entre mi culo.

No puedo soportar a un hombre abrazándome así por detrás demasiado tiempo.

No puedo resistirlo.

Le cojo la polla, la aprieto fuerte. Me chupo los dedos, con la saliva preparo mi culo. Me la meto de golpe y gemimos al mismo tiempo.

Me muero.

Cuando se termina el cigarro seguimos sin habernos dicho una palabra. De repente se levanta, coge su Leika y la deja encima de una mesa, hacia la ventana. Se queda de pie, veo su cuerpo herido entre las sombras de la habitación.

Me mira y luego mira hacia la cámara.

-Cuando yo te diga, dispara.

La imagen que acompaña estas líneas es uno de los autorretratos más conocidos de Alberto García-Alix. Se titula ‘Mi lado femenino’.

Siente…

Daniel Melingo – Pequeño Paria (YouTube)

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DESDE MI VENTANA

El 3 de noviembre de 2009, La habitación de Klaus publicó este cuento de Tomás Lobo que indaga en el sabor metálico del dolor y la muerte.

Los niños juegan con cartones y palos, mientras sus madres beben café en la terraza del bar de la esquina. Tienen las caras pintadas de colores y se persiguen saltando sobre imaginarios charcos de barro. Desde mi ventana, el polvo que levantan parece un escondite nebuloso que los convierte en pequeños duendes nerviosos y burlones en esta tarde gélida de diciembre. Me gusta ese escondite. Parece que no hace frío allí. El café me quema en las manos.

Carlos regresó ayer. Al observar el vaivén de la arena entre las piernas de los críos recuerdo su pelo ondulado y ceniciento, sus labios gruesos, sus ojos verdes y sus manos grandes y dominantes, siempre en movimiento. Hace un año que se marchó a Londres e insistió mucho en que no le llamara, que no soportaba la idea de que alguien le estuviera esperando. No me dejó ni un teléfono ni una dirección. Prefería darse tiempo para añorarme y, en cuanto volviera a casa, abrazarme como si solo hubiese estado fuera unas horas. No tener noticias de él me devastó por dentro. Cuando no podía más, me marchaba a esos garitos que tanto odiaba Carlos y en los que me consolaba dándome unos besos con cualquiera. O me dejaba tocar en algún callejón, llorando hasta la llegada del autobús. Si Carlos me hubiera visto, no me lo hubiera perdonado. Al final, regresaba a casa, borracho y loco, y le escribía una carta. Después la quemaba. Y volvía a escribir otra.

Lo conocí a través de mi amiga Clara, que estudió con él y me dijo que podía darme clases de inglés. Mi padre siempre me repetía que tenía que aprender inglés para ser un hombre de provecho. Quedamos en un bar del centro antes de la primera clase para conocernos y tras dos minutos de charla ya fantaseaba con el olor de su cuello en mi almohada. Una tarde, en su casa, le rocé el dorso de la mano y él la retiró. Entonces le besé.

Carlos era un hombre ordenado y estudioso, muy serio y tan tímido que a veces resultaba irritante. Su padre era general de división y su madre, profesora de matemáticas. Decía que jamás nadie podía saber que estábamos juntos, porque a sus padres les rompería el corazón. No le gustaba hablar demasiado y a veces pasábamos muchas horas en silencio, observándonos o acariciándonos. No fumaba, ni le gustaban los bares que yo frecuentaba y solo bebía té rojo y ginger ale cuando salíamos juntos. A veces le bastaba un vaso de agua. Se había doctorado en Químicas y su sueño era viajar a Londres con una beca de investigación. Al final lo consiguió. Yo era el único chico con el que había estado. Tenía 27 años.

Hace una semana, Carlos me llamó para anunciarme que regresaba a casa. Me pidió que le fuera a recoger al aeropuerto. Llegué a la terminal a eso de las seis, un par de horas antes de que aterrizara el avión. Esperé de pie, tratando de ensayar lo que le diría al verlo. Cuando apareció, quise gritar, pero me contuve. Me reconoció enseguida y se acercó a mí. Me dijo hola, me dio un abrazo y me dejó una de las maletas. Carlos nunca me besaba en público. Nos fuimos hacia el coche, sin comentar nada. “Me alegro de verte, pero prefiero hablar luego”, soltó para interrumpir cualquier amago de conversación por mi parte.
Había dejado la calefacción de casa encendida para que cuando llegara se sintiera cómodo. Ayer hacía casi tanto frío como hoy. Ya era de noche. “Tengo que decirte algo”, murmuró mientras yo preparaba café en la cocina. Me senté y lo miré con atención. Me fijé en que estaba más delgado. El perfil de sus labios resaltaba más aún si cabe sobre sus mandíbulas angulosas y fúnebres y los huesos de los hombros parecían estar a punto de dislocarse. “Hace dos meses me diagnosticaron un cáncer de páncreas en una clínica de Londres. Está muy avanzado. He venido a casa para empezar la quimioterapia”, afirmó. Me tomé la noticia como si me hubiera dicho que tenía un catarro, que iba a estar unos días en la cama y que no podríamos vernos mientras tanto. Le dije que seguro que el próximo verano estaría recuperado y que haríamos un viaje, que le llevaría a algún hotel bonito de un país extranjero o que iríamos a la montaña. Le prometí que cocinaría para él, que nos pasaríamos semanas en silencio y bebiendo té, como a él le gustaba. “Me voy a morir. Y me voy a morir pronto”, me cortó. Carlos sonrió un poco. Me quedé callado. Quise decirle que estaría con él siempre, que lucharíamos juntos, que saldría adelante, que no debía rendirse, que hoy en día la ciencia ha avanzado mucho. Pero la garganta se me contrajo hasta la asfixia y no dije nada. Lo abracé. Lo besé en los labios. Perdí la fuerza de mis piernas y me fui poco a poco al suelo, llorando, deseando morir. Él se tumbó junto a mí y me acarició el pelo. Tras unos minutos sin hablar, empezó a cantar una canción en inglés que yo no podía entender. Siempre me cantaba canciones en inglés.

Hace unos minutos me ha llamado Clara. Me ha dicho que Carlos ha cogido la pistola de su padre y se ha metido un tiro en la boca. Lo encontró su madre a eso de las once de la mañana, cuando regresó a casa después de hacer unos recados. Estaba desnudo, sobre la cama. En la mesilla había un libro de Bergson, unos discos y algunas fotos. En dos o tres de ellas salía yo. Lo siento, me dijo Clara.

Empieza a hacer frío, pero no puedo apartarme de la ventana. El café está helado. Los cartones y los palos han quedado sobre la acera. Los niños ya se han marchado a casa y el silencio parece oxidarse con la llegada de la niebla. Casi no pasan coches por la calle. El sol se abraza a la bruma y me doy cuenta de que he dejado de llorar. El polvo no acaba de posarse. Y yo no puedo dejar de mirarlo.

Chen Wei es un fotógrafo chino que construye un mundo extraño en el que algo quedó roto en una esquina entre el polvo, la niebla y el olvido.

Ola Podrida – Staying In.mp3

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