FUERA DE AQUÍ

Feli Benítez nos envía un texto sobre la soledad que acompaña a la huida. 

Los atardeceres en Portland eran un espectáculo inigualable. Subía por la calle Hawthorn –esa que está llena de gatos en las fotografías- y al llegar a la esquina con la calle quinta, entraba en una cafetería que se llamaba “COMMON GROUND”. Llegaba allí con la últimas luces y me quedaba en la puerta hasta que los últimos jirones violáceos se deshacían completamente. Estaba aprendiendo una lección vital de gran importancia: estar sola. Llevaba ya cinco meses en esta suerte de aprendizaje. El tiempo que había pasado desde que llegué a Estados Unidos. Era una lección difícil pero yo ponía todo mi empeño en no desperdiciarla dejándome embargar por el pánico o la autocompasión.

Pedía un café y me sentaba en una de las mesas. Sacaba el cuaderno (no conocía a nadie. Nadie me conocía. Me costaba entablar conversación pues mi inglés era rudimentario) y tomaba notas mientras daba sorbos a la taza de grandes dimensiones llena a rebosar que tenía delante. Un café muy aguado y caliente humeaba dentro de la taza en cuyo exterior podía leerse la frase “YOU CAN”. No hablaba con nadie. Tenía cosas en las que pensar. Por fin había entendido qué era lo que me había llevado a catorce mil  kilómetros de mi casa y mis amigos: la vergüenza.

Aquellos tres años de convivencia habían sido un infierno. No tanto  porque, al final, me hubiera dado cuenta de que él había estado abusando de mi confianza y me hubiese traicionado, sino porque yo había desoído las señales que me lo advertían tiempo atrás y me había hecho cómplice del depredador. Estar sola era parte del castigo auto impuesto.

Pero había otro problema. Pensaba que alejándome tomaría la distancia suficiente para adquirir  la perspectiva que me ayudase a entender cuanto había sucedido. Me equivocaba en algo. No se puede ir del punto A al punto B huyendo de A. Hay que ir para descubrir qué hay en el punto B; a menos que asumamos el riesgo de que se presente un serio peligro: que A nos siga y nos hipoteque la visión se las cosas nuevas que nos esperan en el punto de destino. Para mí, así fue. El recuerdo de aquella persona, de lo vivido junto a ella y de los muchos errores cometidos, me seguía y me atormentaba como si fuese un tábano. No era capaz, o más bien me obstinaba en creer que no lo era, de abandonar ciertos pensamientos y me descubrí regodeándome en aquello que me hacía daño; una actitud masoquista que no sabía definir exactamente y que me desconcertaba.

Entonces conocí a Marisol y conocí su historia. Era peruana. Vivía en los Estados Unidos desde hacía unos años. Conocí su pasado de miedo y lucha en el que se quedaron su marido y sus dos hijos en una muerte violenta y absurda. Conocí su risa espléndida y sus ojos llenos de esperanza en el futuro. Entonces, la vergüenza, la misma que me había llevado hasta allí creció y se desbordó.  Di un manotazo en el aire y espanté al tábano que me aguijoneaba: ¡fuera de aquí!

Las fotografías que acompañan este cuento son de la artista afincada en Munich Katarina Sopčić. Enamorado. Enamorada.

Crece…

Nick Cave & Kylie Minogue – Where The Wild Roses Grow.mp3

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Acerca de cajadeloshilos

Somos tres carretes sin hilo. No tenemos ni presente, ni futuro. Sólo nos une el origen. Un pequeño gran bar zaragozano, donde entre cervezas y humos descubrimos que la ciudad deshilachada aburre. Que hay que coserla. Ahí nació todo. Quizá fue por una canción. O por una borrachera. O por la mirada expectante de Helena. El caso es que allí se encuentra el principio de nuestros desvaríos. El tiempo y la mala fe de algunos frustraron ese punto de encuentro. Pero no se perdió su espíritu y allá donde fuimos nos acompañó “La caja de los hilos”. Ahora volvemos a apuntar el rumbo. Solo necesitamos un hilo, un dedal, una aguja, un trapo viejo y un poco de habilidad. Si queréis colaborar con nosotros, nos podéis enviar vuestros textos a la dirección cajadeloshilos@gmail.com
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3 respuestas a FUERA DE AQUÍ

  1. Feli Benítez dijo:

    ¡Qué alegría, saberos de nuevo en activo! Enhorabuena y gracias por publicar mis relatos.
    Contad conmigo.
    Un abrazo.

  2. Helena dijo:

    ¡Bien por Marisol! ¡Bien por Feli! ¡Fuera tábanos y fantasmas!

  3. “Si, como dice Helena, una pluma es una palabra de dos sílabas y las plumas sirven para esconder pájaros, una palabra de dos sílabas sirve para esconder pájaros”. (Tua Blesa)
    ¡Bien por Helena!
    (estoy deseando ver ese libro que habéis hecho)

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