SÓLO QUEDAN DIEZ DÍAS

Madeline-and-Denise-at-beachFue su estreno en La caja de los hilos el 20 de agosto de 2007. Amadeo Martillo estaba en Salou y bebía coñac.

Me pido un coñac y me pongo un ducados en la boca dando un suspiro. Sí, ya sé que tomarse un coñac a media mañana no es muy propio en un chiringuito de Salou, pero no puedo más. Ayer acabé a las cuatro de la mañana llevando a dos putas al Madrazo y a las siete ya estaba la Gorda tocando los cojones. “Amadeo, date prisa, a ver si llegamos antes de las 11, que luego no queda playa”. Era como un mal sueño. Playa, playa… Calor, sudor, sal, niños… Miles de gordas con sus bañadores de gordas, de ésos que no dejan ver la arena y que convierten la costa en una lona estampada de fucsias, sombrillas, bultos y horrores. Siempre hay alguna, francesa, belga o de donde hostias sea, que se despelota y nos echa a la cara sus carnes requemadas, informes y viejas. Eso es la playa. Y mis hijas jodiendo. Eso también es la playa. Las tres con las tetas al aire, como tres golfas, tostándose durante horas, inmóviles, mudas, ciegas. Y no digas nada. No digo nada. Sólo me cago en mi puta vida. Me pasa un crío corriendo y chillando y me dispara con su pistola de agua. Cierro los ojos. Aprieto las manos. Le doy un sorbo al coñac y observo a una sueca que se pavonea con un tanga amarillo. Amarillo, amarillo… Mierda, justo ahora viene la Gorda. “¿No te bañas, Amadeo?”. Ni la miro. “Acuérdate de encargar la paella, que luego pasa lo que pasa… Que está todo a tope”, me ruega. Paella, paella… Sólo quedan diez días para volver al taxi. Enciendo otro cigarrillo. Pido otro coñac. Sólo quedan diez días…

La playa siempre tiene algo especial si la fotografía la canadiense afincada en Nueva York Naomi Harris.

Vamos a surfear con los chicos de la playa…

The Jesús and Mary Chain – Surfin’ USA.mp3 (The Beach Boys Cover)

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Acerca de cajadeloshilos

Somos tres carretes sin hilo. No tenemos ni presente, ni futuro. Sólo nos une el origen. Un pequeño gran bar zaragozano, donde entre cervezas y humos descubrimos que la ciudad deshilachada aburre. Que hay que coserla. Ahí nació todo. Quizá fue por una canción. O por una borrachera. O por la mirada expectante de Helena. El caso es que allí se encuentra el principio de nuestros desvaríos. El tiempo y la mala fe de algunos frustraron ese punto de encuentro. Pero no se perdió su espíritu y allá donde fuimos nos acompañó “La caja de los hilos”. Ahora volvemos a apuntar el rumbo. Solo necesitamos un hilo, un dedal, una aguja, un trapo viejo y un poco de habilidad. Si queréis colaborar con nosotros, nos podéis enviar vuestros textos a la dirección cajadeloshilos@gmail.com
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