NO HE CAÍDO, RAY

ragingbull2

 Tomás Lobo acaba de revisar Toro Salvaje, de Martin Scorsese, con Robert de Niro, Cathy Moriarty y Joe Pesci, y nos ha enviado una curiosa elucubración en la que rescata la sensualidad, brutalidad y complejidad de alguna de sus imágenes.

He vuelto a ver las piernas de Vicky chapoteando en la piscina. Y a Jake danzando en el cuadrilátero, con la Cavalleria Rusticana de fondo, con la capucha puesta, con la mirada escondida. Y sus manos rotas en el hielo. Sus manos pequeñas. Y a Sugar Ray gimiendo y soltado el puño desde el mismo infierno. He vuelto a ver Toro Salvaje, de Scorsese, y me he encontrado de nuevo con el boxeo furioso, con los combates telúricos y ruidosos, con elefantes, caballos y tambores, con la esponja ensangrentada dibujando el cuerpo de Jake. “No he caído, Ray. Nunca me has derribado Ray”, gruñe Jake, perfilado por el humo y los destellos de los flashes, crucificado en la esquina del cuadrilatero, mientras la sangre resbala lentamente por las cuerdas del ring. Vicky besa las heridas de Jake. Luego le dice adiós. “Cariño, estoy perdido sin los niños y sin ti. No te vayas”, suplica Jake. Pero ella se marcha. Él, en la cárcel, entre tinieblas, destroza sus puños contra la pared, roto de dolor. “Me llaman animal. No soy un animal. ¿Por qué me tratan así?”. He vuelto a ver a Jake, ante el espejo, recordando a Brando. Adelante campeón. Al escenario. Eres el mejor. Un gran aplauso para el gran Jake La Motta, damas y caballeros”.

La imagen se corresponde con los créditos iniciales de Toro Salvaje, uno de los momentos mágicos de la película.

Qué placer es escuchar…

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Acerca de cajadeloshilos

Somos tres carretes sin hilo. No tenemos ni presente, ni futuro. Sólo nos une el origen. Un pequeño gran bar zaragozano, donde entre cervezas y humos descubrimos que la ciudad deshilachada aburre. Que hay que coserla. Ahí nació todo. Quizá fue por una canción. O por una borrachera. O por la mirada expectante de Helena. El caso es que allí se encuentra el principio de nuestros desvaríos. El tiempo y la mala fe de algunos frustraron ese punto de encuentro. Pero no se perdió su espíritu y allá donde fuimos nos acompañó “La caja de los hilos”. Ahora volvemos a apuntar el rumbo. Solo necesitamos un hilo, un dedal, una aguja, un trapo viejo y un poco de habilidad. Si queréis colaborar con nosotros, nos podéis enviar vuestros textos a la dirección cajadeloshilos@gmail.com
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