BOSÉ

bose

En un concierto de Miguel Bosé, Cuca Guillén dio rienda suelta a sus instintos. Lo contó el 16 de septiembre de 2007.

Mira que se puso pesada Pitusa. Que si no tenemos edad, que qué pensará la gente, que no podemos dejar a los niños solos… “O vienes o te quedas”, le dije mientras terminaba con la segunda capa de pote y me ceñía unos vaqueros de Dolce & Gabanna que me había comprado para la ocasión. La plaza de toros estaba estupenda. No venía desde el último mitin de Rajoy. Yo soy muy fiel al partido, pero Bosé es Bosé, qué le vamos a hacer. Y mira por dónde, que nada más entrar, allí me encontré con Mari Cielo, la mujer del socio de Carlos, con lo que me odia la muy perra. Iba con Sonsoles y Almudena, las dos de la Peñaza. Menudas arpías. Me saludaron de lejos moviendo el bolsito. Pitusa se puso como una moto. “Que hay gente conocida, Cuca, que nos han visto. Ya te lo decía yo…”, murmuró mientras me agarraba por el brazo. “Hala, chica, que no pasa nada…”, gruñí. En éstas, bajaron las luces y salió él. Llevaba un traje negro maravilloso, con su barba de tres días, sus ojeras de tres noches… Oyes, que está tremendo el Bosé. Empezó con “Nena”, siguió con “Bambú”, “Morena mía”… Era el éxtasis, como aquella vez que vino el Papa a Zaragoza y las chicas de Sansueña le pudimos dar la mano… Yo no veía a nadie. Sólo él y yo. Qué guapo, qué voz, qué ojos, qué boca… Era como un sueño, como volver a tener 14 años. Al final, no me pude reprimir. Ni las lecturas de “Camino”, ni los retiros espirituales, ni los discursos de José María Aznar pudieron frenarme. “¡¡¡Eso es un culazo, sí señor!!!”, solté a pleno pulmón. Lo dije sin pensar, de golpe, así, a lo bruto, y justo en ese momento en que no había música y se había hecho un silencio sepulcral. Se escuchó en toda la plaza. Dios bendito… Él también lo oyó. Me buscó entre el público y me miró. Sonrió. Y yo casi me muero… “Cuca, Cuca, ya está bien, ya hemos hecho bastante el ridículo”, me riñó Pitusa. Entonces desperté. Mari Cielo, Sónsoles y Almudena me señalaban y cuchicheaban. Se relamían. Salimos por la puerta de atrás, donde nos esperaba el chófer. Pitusa, con los morros más apretados que nunca, ni me dirigía la palabra. Pero me daba igual. Bosé me había mirado, me había sonreído… Qué hombre, por Dios, qué hombre. Qué culazo…

Una de las imágenes que el fotógrafo Isaac Morell tomó de Miguel Bosé ilustra el delirio de Cuca Guillén. Y el nuestro.

Miguel Bosé – Morena mía (YouTube)

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Acerca de cajadeloshilos

Somos tres carretes sin hilo. No tenemos ni presente, ni futuro. Sólo nos une el origen. Un pequeño gran bar zaragozano, donde entre cervezas y humos descubrimos que la ciudad deshilachada aburre. Que hay que coserla. Ahí nació todo. Quizá fue por una canción. O por una borrachera. O por la mirada expectante de Helena. El caso es que allí se encuentra el principio de nuestros desvaríos. El tiempo y la mala fe de algunos frustraron ese punto de encuentro. Pero no se perdió su espíritu y allá donde fuimos nos acompañó “La caja de los hilos”. Ahora volvemos a apuntar el rumbo. Solo necesitamos un hilo, un dedal, una aguja, un trapo viejo y un poco de habilidad. Si queréis colaborar con nosotros, nos podéis enviar vuestros textos a la dirección cajadeloshilos@gmail.com
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