HISTORIAS DE PVA

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Lo último que supimos es que Alicia Lázuli se había fugado a Bélgica o Dinamarca con un ilustrador marroquí. Pero ha vuelto y de nuevo escribe a su tía Neus. En este caso, le cuenta cómo vivió la inauguración de la exposición ¿Poesía visual en Aragón?

Querida tía Neus:

El tiempo ha volado desde la última vez que hablamos. ¿Recuerdas La caja de los hilos, aquel blog tan irreverente? Pues El Sastre ha vuelto a ponerlo en marcha y, aunque te dije que ni por todo el oro virtual del mundo volvería, ahí estoy de nuevo, como un carrete sin hilo.

El jueves pasado, el Sastre me pidió que acudiese al Centro de Historias porque se inauguraba una exposición. Ya me conoces, tía Neus, fui sin saber qué me iba a encontrar, sólo sabía que en el cartel aparecía una boca de alcantarilla con la leyenda ¿PVA? Me parecía un poco raro que se tratase de una muestra de alcantarillas ¿Y eso de PVA? ¿Significaría Precio de Venta de Alcantarillas?

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Llegué cuando la gente que ocupaba todo el corredor de la primera planta aplaudía a Pedro Perún que (no te lo pierdas, tía Neus, tiene como nombre artístico pierre d. la) al igual que Edu Barbero y Miguel Ángel Gil, además de coordinar, participa como artista en la exposición. Resulta que ¿PVA? eran las siglas de ¿Poesía Visual en Aragón? y la exposición trataba de recoger las propuestas visuales de un montón de artistas. Por lo que pude escuchar, todos presentaban alguna obra de vieja creación y alguna de creación reciente. Claro que como había artistas más y menos jóvenes, la obra vieja podía tener cuatro años o veinticuatro.

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Ya sabes que cuando hay más de una puerta me organizo un lío y me cuesta decidir por cuál debo entrar. Entré por la que tenía más cerca y fui hacia la pared donde Gerardo García y Serafina Balasch extendían la mano solicitando sueños. Proyectaban un vídeo en el cuarto oscuro. Me senté y tuve la impresión de viajar en un extraño tren que recorría un paisaje sembrado de grafías que te llevaban hasta un nuevo paisatge. No sé cómo explicarlo, tía Neus, pero mientras viajaba en el cuarto oscuro, yo lo veía claro. A lo mejor era un poema visual y por eso me resulta tan difícil hilvanar el discurso.

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Nacho Bolea apuntaba con una pistola sinfín hacia el puñado de sueños atrapados mientras Miguel Ángel Gil ofrecía al espectador una bandeja llena de frutas tropicales. Ya sabes cuánto me gustan a mí las frutas tropicales, pero me sentí de pronto avergonzada cuando vi que se apoyaban en una mesa construida con alambre de espino. Qué dificultades deben vencer quienes tienen que atravesar una frontera para llegar al lugar al que tan fácilmente llegan una piña o un mango. Me pareció que la obra de Miguel Ángel Gil dialogaba muy bien con los nidos que Carla Nicolás había colocado en la pared. Después de todo ¿no es el nido, ese lugar amable y protector, la utopía que mueve a quienes se aventuran a atravesar la alambrada de espino?

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Muy cerca de los nidos, Charo de la Varga convertía en materia poética una caja de herramientas y José Horna liberaba una colección de figuras atrapadas en sellos de correos.

ornaMe quedé dibujada ante la paleta de colores en que Roberto Coromina había convertido una colección de libros dedicados a diferentes pintores cuando un señor que arrastraba a un numeroso grupo de personas repitió que el centro se iba a cerrar y que teníamos que salir ¡ya!, así que tendré que volver otro día para terminar de visitar la exposición.

La verdad, tía Neus, es que no sabría decirte si aquello era poesía visual, prosa táctil o qué. Sólo puedo decirte que disfruté muchísimo y que ya estoy deseando poder volver al Centro de Historias para continuar mi recorrido por la alcantarilla de PVA.

De arriba abajo:
Miguel Ángel Gil (Fruta tropical sobre alambre de espino, 2014).
José Orna (Sellos, 2014).
Gerardo García y Serafina Balasch (Paisatge, 2014).
Carla Nicolás (The birdhouse Project, 2014).
Nacho Bolea (Pistola Sinfín. Modelo ‘Jockey’. Serie ‘Armas de juguetes’, 2014).
Charo de la Varga (Ajuar, 2011).
R. Coromina (Fifty Centuries of Art, 2003).

La exposición ¿Poesía Visual en Aragón? se inauguró el pasado 11 de septiembre y se podrá visitar en el Centro de Historias de Zaragoza hasta el 9 de noviembre.

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Acerca de cajadeloshilos

Somos tres carretes sin hilo. No tenemos ni presente, ni futuro. Sólo nos une el origen. Un pequeño gran bar zaragozano, donde entre cervezas y humos descubrimos que la ciudad deshilachada aburre. Que hay que coserla. Ahí nació todo. Quizá fue por una canción. O por una borrachera. O por la mirada expectante de Helena. El caso es que allí se encuentra el principio de nuestros desvaríos. El tiempo y la mala fe de algunos frustraron ese punto de encuentro. Pero no se perdió su espíritu y allá donde fuimos nos acompañó “La caja de los hilos”. Ahora volvemos a apuntar el rumbo. Solo necesitamos un hilo, un dedal, una aguja, un trapo viejo y un poco de habilidad. Si queréis colaborar con nosotros, nos podéis enviar vuestros textos a la dirección cajadeloshilos@gmail.com
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