PELLIZCOS DE PLÁSTICO

hadaEl hada madrina también disfrutó de las fiestas de aquel año 2007 en el que empezó todo.

El sol daba volteretas y nadie se daba cuenta. Yo observaba atenta y hasta cerraba un ojo para dibujar mejor los rizos y los fuegos. Y cuando miraba al suelo, todo era distinto. Los brazos perfilaban colores y encantos, murmullos y sueños. Me acerqué un poco más. Vi niños alzando las manos y regalando gritos, caras atolondradas entre las burbujas, y disfraces rotos y miradas de cera. Vi a un hombre sin cabeza que bailaba al son de la trompeta, a un ratón gigante y a un prestidigitador con una bolita roja y otra verde. Las hacía desaparecer con un chasquido y todos decían: ¡¡¡Ohhh!!! Yo me colé entre sus dedos y conseguí descubrir el truco, pero no os lo voy a decir. Había un hada como yo, pero más grande, vestida de blanco, con sus manos blancas, sus labios blancos, sus ojos blancos. Me posé sobre su hombro y me encontré un parpadeo temeroso, cautivo, lleno de palabras. Después vi marionetas de cartón que bailaban sobre los libros, y perros de mentira, y muñecos de algodón y pana. De repente, giré la vista al cielo alborotado y encontré globos y sorpresas. Había peces, pájaros, cebras, tigres, sirenas… Escapaban hacia el cesto mágico, en busca de la caricia de un encuentro y un juego, con un temblor apresurado y nervioso. Los toqué con los labios, me sumergí en sus requiebros, chapoteé entre sus pellizcos de plástico. Ya no miré atrás. A lo lejos, solo quedaban las huellas del palimpsesto.

Un anónimo nos ha enviado una de las hadas de Helena Santolaya. Se había escapado y fue sorprendida volando entre globos y sorpresas.

Dido – Thank You.mp3

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Acerca de cajadeloshilos

Somos tres carretes sin hilo. No tenemos ni presente, ni futuro. Sólo nos une el origen. Un pequeño gran bar zaragozano, donde entre cervezas y humos descubrimos que la ciudad deshilachada aburre. Que hay que coserla. Ahí nació todo. Quizá fue por una canción. O por una borrachera. O por la mirada expectante de Helena. El caso es que allí se encuentra el principio de nuestros desvaríos. El tiempo y la mala fe de algunos frustraron ese punto de encuentro. Pero no se perdió su espíritu y allá donde fuimos nos acompañó “La caja de los hilos”. Ahora volvemos a apuntar el rumbo. Solo necesitamos un hilo, un dedal, una aguja, un trapo viejo y un poco de habilidad. Si queréis colaborar con nosotros, nos podéis enviar vuestros textos a la dirección cajadeloshilos@gmail.com
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