LA SÁBANA DE LAS RESPUESTAS (IV). EL DRAMA DE LA COSA

stina2Nueva conversación con Enrico. Ocurrió en una cafetería el 19 de octubre de 2007. Así lo contó Safo.

(La cafetería, prácticamente vacía, Enrico y yo y una pareja al fondo que se decía cosas al oído. Mesas de mármol bajo una claraboya que filtraba luz suficiente incluso para la lectura. Un café expreso y un cortado con tres azucarillos. Se escuchaba Jeux d’eau de Maurice Ravel).

Enrico carraspeó y comenzó a leer en voz alta:

“Filibas Mante de Paramimo

escribe su nombre y lo rompe.

Mante o Mimante,

no es Flor ni es Mimo desde que fue nombrada”.

Permaneció inmóvil unos segundos. “¿Quién ha escrito esto?”, preguntó. “Un poeta amigo mío, ¿qué te parece?”. Enrico estaba este viernes más pensativo que de costumbre. Sus respuestas menos vivas, su tono apagado. “No sé, Safo. Me da pena”. “Es una tragedia. Tiene que darte pena”. Enrico se removió incómodo en el asiento. “Es esa flor que la palabra machaca. Esa Cosa inaccesible que está ahí y que sólo puede ser nombrada… Llevo toda la semana pensando sobre lo que hablamos, Safo. Estoy muy triste. Parece una maldición que a nuestra sed de saber se le niegue, con un velo opaco, el agua cristalina de la Cosa. La Cosa. La Cosa maldita”. Una lágrima cruzó la mejilla de Enrico. Trató de mantener la compostura, pero se derrumbó. Hundió la cabeza entre sus brazos y rompió a llorar. Su lamento sordo y lejano se fundía con los arpegios de Jeux d’eau. A la banalidad efectista de aquellas ingrávidas notas se imponía el llanto como una declamación profética. Puro anacronismo francés. “Enrico”, comencé mientras con una mano lo balanceaba ligeramente, “el entendimiento necesita distancia. Lástima que sea ésta la que nos prive de la inmediatez de las esencias. Es el drama de la Cosa. Entiendo cómo te sientes, un ser hermético. Duele. Pero hay algo que debes saber y es que ese dolor, precisamente ése, es la semilla del arte”. Enrico levantó la cabeza y me miró extrañado.

Stina Persson es una ilustradora sueca maravillosa. Sus pinturas con agua son un ejemplo de su gran talento (Vía Uno de los nuestros).

Maurice Ravel no sólo compuso un bolero.

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Acerca de cajadeloshilos

Somos tres carretes sin hilo. No tenemos ni presente, ni futuro. Sólo nos une el origen. Un pequeño gran bar zaragozano, donde entre cervezas y humos descubrimos que la ciudad deshilachada aburre. Que hay que coserla. Ahí nació todo. Quizá fue por una canción. O por una borrachera. O por la mirada expectante de Helena. El caso es que allí se encuentra el principio de nuestros desvaríos. El tiempo y la mala fe de algunos frustraron ese punto de encuentro. Pero no se perdió su espíritu y allá donde fuimos nos acompañó “La caja de los hilos”. Ahora volvemos a apuntar el rumbo. Solo necesitamos un hilo, un dedal, una aguja, un trapo viejo y un poco de habilidad. Si queréis colaborar con nosotros, nos podéis enviar vuestros textos a la dirección cajadeloshilos@gmail.com
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