IMÁGENES CONTRA LA GUERRA

suzane

Tomás Lobo nos descubrió el 26 de octubre de 2007 a Suzanne Opton, que con sus fotografías ha puesto al descubierto las huellas de la guerra en aquellos que tuvieron que empuñar las armas.

De visita por el blog de Artfutura, el festival de cultura y arte digital que acaba de comenzar en once ciudades españolas, me topé con Suzanne Opton, que expone en Nueva York su última obra, Soldiers, una serie en la que retrata a casi una treintena de militares norteamericanos después de regresar de Irak o de Afganistán. Rápidamente me sentí hechizado por las imágenes de Opton, por la capacidad expresiva de las miradas de esos soldados desarmados psicológicamente, rotos por la pérdida. Son hombres y mujeres recostados, mitad cadáveres, mitad supervivientes, en una posguerra atónita y fría. Sus ojos, prisioneros de una tristeza desgarradora, se revelan paralizados por esa desgracia contra la que nadie puede luchar. Hay soldados abrazados por sus seres amados, quienes tratan de rescatarlos de su tormento interior, o guerreros de blanco y negro, rendidos ante el pánico y la frustración. El trabajo de Suzanne Opton forma parte además del proyecto Imágenes contra la guerra, una exposición virtual en la que participan ya 673 artistas de todo el mundo, en su mayoría fotógrafos. Se pueden perder horas observando el horror, la sinrazón, el dolor y la muerte. También se atisba en la muestra una pequeña esperanza. La de ver un día al mundo tirar las armas al suelo.

En la imagen, de Suzanne Opton, el soldado Birkholz, que pasó 353 días en Irak y 205 días en Afganistán.

John Lennon – I Don’t Wanna To Be A Soldier.mp3

The Doors – The Unknown Soldier.mp3

Bob Dylan – Masters Of War.mp3

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Acerca de cajadeloshilos

Somos tres carretes sin hilo. No tenemos ni presente, ni futuro. Sólo nos une el origen. Un pequeño gran bar zaragozano, donde entre cervezas y humos descubrimos que la ciudad deshilachada aburre. Que hay que coserla. Ahí nació todo. Quizá fue por una canción. O por una borrachera. O por la mirada expectante de Helena. El caso es que allí se encuentra el principio de nuestros desvaríos. El tiempo y la mala fe de algunos frustraron ese punto de encuentro. Pero no se perdió su espíritu y allá donde fuimos nos acompañó “La caja de los hilos”. Ahora volvemos a apuntar el rumbo. Solo necesitamos un hilo, un dedal, una aguja, un trapo viejo y un poco de habilidad. Si queréis colaborar con nosotros, nos podéis enviar vuestros textos a la dirección cajadeloshilos@gmail.com
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