HARAPOS DE VIENTO

hadablanco2El 3 de noviembre de 2007 El hada madrina visitó una extraña nave. Allí, pocos días después, iba a tener lugar una extraordinaria fiesta. El hada cogió la varita de cronista y contó lo que allí vio.

En una nube de colores llegué furtiva y los vi. Fueron de una esquina a otra, lo miraron todo, olisqueando conjuros de agua y tiempo. Repartieron muecas susurradas, a la espera del momento, de ese parpadeo inconstante que dejan los caminos azules y que el amanecer borra despacio con trapos de plata. Pisotearon los harapos ignorados, entre aplausos y hojas, se entretuvieron con los pajaritos de cera, las revistas de señoras, las figuras de escayola y ruido, las guías telefónicas, los corchos de las botellas, los marcos de almíbar con fotos de damas negras, las sillas asustadas, los sillones cautivos, la máquina de coser silencios, los retablos imperfectos, las cajas de amor. Se aventuraron por el jardín embrujado y recordaron las ollas y los cantos. Sorprendidos, se pararon en el espejo para jugar con la ilusión translúcida. Sonrieron al pasear junto a los zapatos de la escalera, alineados y herméticos. Con la vaga intención de redibujar las letras pintadas de sol, soplaron sobre las ropas rotas que cerraban las ventanas. Murmuraron cosas. Yo no podía escuchar, escondida entre las maletas abiertas y las bicicletas arrumbadas. Esperé a que se fueran y aspiré hondo. Por mi pequeña nariz de hada entró polvo gastado, pequeñas partículas de misterio envalentonadas por las gestas y la danza. Cuando ellos se marcharon, con la misma quietud con la que aparecieron, me quede sola con el rumor de la calefacción roja y aturdida por el viento y sus bromas. Saqué mi varita mágica, de plumero y goma, para poner las telas y los huecos en orden. Fue solo un momento. Como cuando se levantan hacia el techo las astillas del fuego inventado, como cuando los súcubos se acercan imantados por tu cuello desnudo. Todo quedó perfecto. Fue un regalo de horas a los pies de sus camas. Mañana, las hadas bailarán sobre las burbujas de cristal. Y tú podrás verlo.

El hada es obra de la maravillosa Helena Santolaya, la mujer del harapo y el viento.

Polvo y viento…

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Acerca de cajadeloshilos

Somos tres carretes sin hilo. No tenemos ni presente, ni futuro. Sólo nos une el origen. Un pequeño gran bar zaragozano, donde entre cervezas y humos descubrimos que la ciudad deshilachada aburre. Que hay que coserla. Ahí nació todo. Quizá fue por una canción. O por una borrachera. O por la mirada expectante de Helena. El caso es que allí se encuentra el principio de nuestros desvaríos. El tiempo y la mala fe de algunos frustraron ese punto de encuentro. Pero no se perdió su espíritu y allá donde fuimos nos acompañó “La caja de los hilos”. Ahora volvemos a apuntar el rumbo. Solo necesitamos un hilo, un dedal, una aguja, un trapo viejo y un poco de habilidad. Si queréis colaborar con nosotros, nos podéis enviar vuestros textos a la dirección cajadeloshilos@gmail.com
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