PESADILLA DIURNA

jill-greenberg-12Tenía sus cosas. Amadeo Martillo en ocasiones se enfadaba. Y con los niños más. Esto contó en la vieja Caja un 14 de noviembre de 2007.

A mí no me gusta trabajar de día. Solo cojo el taxi a primera hora cuando no hay quien aguante a la Gorda en casa. Y no sé qué es peor. Si resistir las gilipolleces de mi mujer o a la clientela diurna: los picapleitos espigados que piensan que les timas al evitar las calles en obras, las estudiantes pijas que llegan tarde al instituto, las amas de casa que te llenan el coche de olor a pescado y sobaco… En fin. Pero si hay algo que me toca los huevos son los putos críos. De día hay críos. Y yo odio a los críos. Ayer, al mediodía: “Por favor, acelere, que no llegamos al médico. Y apague el cigarrillo, que está prohibido. No ve que la niña está llorando…”, me dijo una bruja de nariz apepinada, pestañas postizas y pestazo a laca. Apreté las manos en el volante para no hacer una locura. Los gritos de aquella criatura infernal rebotaban en el chasis y me hundían el cráneo hacia la garganta. Fantaseé: “¿Si le metiera una Mágnum del 44 en la boca seguiría llorando?”. Al llegar al centro de salud, la bruja pagó la carrera y se bajó del taxi. La borde de la niña dejó de gemir. Me miró con una sonrisa torcida. Menuda hijaputa.     Creo que ya he dicho que a mí no me gusta trabajar de día. El sol solo vale para calentar la cerveza. Entre tinieblas, no sirve el maquillaje. Las caras se difuminan en las sombras, mientras la tristeza se mete un chupito de whisky en el bar de la esquina, ese que tiene una camarera desnuda que te susurra canciones de amor al oído. Las calles son una película muda quemada por el frío y las botellas rotas siempre marcan el camino de vuelta a casa. Nadie habla si no tiene que hacerlo. La muerte solo llega si te la buscas. Pero esto no es lo mejor: cuando cae la noche, los jodidos críos están durmiendo. Y yo no.

El artista que ilustra este artículo es Jill Greenberg, que tiene un don para hacer llorar a los niños. Angelitos…

Una vieja canción…

The Beatles – Here Comes The Sun.mp3

Belle And Sebastian – Here Comes The Sun.mp3

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Acerca de cajadeloshilos

Somos tres carretes sin hilo. No tenemos ni presente, ni futuro. Sólo nos une el origen. Un pequeño gran bar zaragozano, donde entre cervezas y humos descubrimos que la ciudad deshilachada aburre. Que hay que coserla. Ahí nació todo. Quizá fue por una canción. O por una borrachera. O por la mirada expectante de Helena. El caso es que allí se encuentra el principio de nuestros desvaríos. El tiempo y la mala fe de algunos frustraron ese punto de encuentro. Pero no se perdió su espíritu y allá donde fuimos nos acompañó “La caja de los hilos”. Ahora volvemos a apuntar el rumbo. Solo necesitamos un hilo, un dedal, una aguja, un trapo viejo y un poco de habilidad. Si queréis colaborar con nosotros, nos podéis enviar vuestros textos a la dirección cajadeloshilos@gmail.com
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