HARAPOFIESTÓN (I)

combo35Recuperamos la primera parte de la crónica de la harapofiesta. La escribió el Sastre el 28 de noviembre de 2007.

Ya estoy aquí de nuevo, con el resuello propio del que llega corriendo, sin casi tiempo para arrojar estas líneas. Pero con ganas de contaros lo del sábado (¿ayer era sábado, no?), de esa gran harapofiesta que capitaneó Helena Santolaya y que en su segunda edición batió todos los récords. ¿Por dónde empiezo? No sé, no sé, ufff… ¡Qué difícil! ¡Pasaron tantas cosas! Bueno… Os contaré lo que vi, con la imprecisión del rumor y veracidad relativa, con el puntito de exageración que siempre busca el fabulador. Porque yo creo que el acontecimiento fue exagerado, de bonito, claro. Como tampoco me quiero entretener, daré unos pasos atrás hasta llegar al sábado (¿ayer era sábado no?), alrededor las siete y media, cuando me desperté de una necesaria y reparadora haraposiesta. Opté por un baño relajante con burbujas, me cambié de calzoncillos, por lo que pudiera pasar, y me perfumé hasta la extenuación, porque Helena me había prometido ligue después de la entrevista publicada hace unos días en esta bitácora. En cuanto estuve listo, quedé con los tres carretes sin hilo para encaminarme hacia la haraponave, que acaba de aterrizar para convertirse en escenario del acontecimiento. Cuando enfilamos el camino de tierra y piedras que conduce a la haraponave, ya nos sonreímos al ver el recorrido lleno de fosforitos y trapos diversos para que nadie se perdiera. Al fondo se escuchaba una canción, todavía demasiado lejana como para saber cuál era. Al acercarnos, reconocimos inmediatamente a Los Brincos. “¡¡¡Con un sorbiiiiito de champagne, brindando pooooor el nuevo amooooor…!!!”. La harapofiesta no podía empezar de mejor manera.

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Los cuatro nos quedamos con la boca abierta. En la entrada, sofás y sillones para los más descansados. Allí estaban Nacho y Virginia repartiendo bolsas para que los harapoinvitados pudieran hacer sus adquisiciones en el mercadillo del fondo. Junto a la tele, Helena le daba los primeros meneos a la haraposopa de letras y en las mesas, había pantalones y camisas. No… Era el jamón y el chorizo, colocado de tal suerte que se transformaban en las prendas que, un poco más allá, una marabunta indómita revolvía en busca de la ganga. Con los Brincos, las proyecciones de Bea y Rubén, en una esquina, y Yago, en la otra, se convertían en el lazo de ese gran regalo que es la harapofiesta. Al fondo estaba Cuca con Paquito, su peluquero. “Ay, Paquito, por Dios, deja de mirar estas cosas que a saber quién se las ha puesto…”, le reñía. “Calla, calla, Cuquita, es que no estás a la moda. Con lo que se lleva lo vintage…”, respondía divertido el estilista. El Navegador estaba tratando de quitarle el ordenador a Bea, pero, afortunadamente, ésta no se dejaba. Sentada en un sillón, Safo se embelesaba junto a Enrico viendo en la tele algunas maniobras eróticas de Betty Page, gracias al arte y la ciencia de Luis Marco. En cuanto acabó la cena, el asunto empezó a desfasar. Jesús, Pedro Bericat y Raphita comenzaron a agitar al personal a base de psicodelia de la buena y el gentío cogió confianza. Nacho se acercó a un grupo de mujeres y preguntó: “¿Queréis pelo?”. Ellas no pudieron resistirse, se tiraron sobre él desgarrándole la camisa, y no pararon hasta desnudarle por completo en medio de la pista. Él se mostró encantado. Pero, claro, no contó con Paquito, que como una más se abalanzó sobre el pobre Nacho y le dio un bocado en el cuello de lo más salvaje. Casi se monta una gorda. Menos mal que Nacho es muy civilizado y se limitó a pedir más lengua y menos dientes. La cosa no llegó a más, pero a punto estuvo…. (Continuará…).

marian

Blondie – Heart of glass.mp3

The Modern Lovers – Roadrunner.mp3

The Temptations – Papa Was A Rolling Stone.mp3

Skatalites – Herb Man Dub.mp3

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Acerca de cajadeloshilos

Somos tres carretes sin hilo. No tenemos ni presente, ni futuro. Sólo nos une el origen. Un pequeño gran bar zaragozano, donde entre cervezas y humos descubrimos que la ciudad deshilachada aburre. Que hay que coserla. Ahí nació todo. Quizá fue por una canción. O por una borrachera. O por la mirada expectante de Helena. El caso es que allí se encuentra el principio de nuestros desvaríos. El tiempo y la mala fe de algunos frustraron ese punto de encuentro. Pero no se perdió su espíritu y allá donde fuimos nos acompañó “La caja de los hilos”. Ahora volvemos a apuntar el rumbo. Solo necesitamos un hilo, un dedal, una aguja, un trapo viejo y un poco de habilidad. Si queréis colaborar con nosotros, nos podéis enviar vuestros textos a la dirección cajadeloshilos@gmail.com
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