LA BOLA IMAGINARIA

bolahadacirculitosEn una ocasión, el hada madrina se perdió entre los espejos de una bola imaginaria. Ocurrió el 7 de diciembre en la vieja Caja.

Me miré en ese pequeño espejo. Era casi tan pequeño como yo. Vi mis ojos de turquesa, mi varita, mis plumas, mis alas alborotadas… Junto al espejo había otro espejo. Y al lado de este, otro, y otro y otro. Mi gesto se multiplicó y sin saber cómo me encontré reflejada en una esfera de destellos inquietos y despistados. La bola comenzó a girar, se afiló como una espada, y me alejé un poco, lo suficiente para no resbalar. Las luces tropezaban unas con otras hasta que el arco iris se desgajó para crear una lluvia de papelitos imaginarios de colores y plata. Me alejé un poco más y empecé a escuchar los silbidos de la madrugada, el goce caluroso de las manos y las caras, que se rozaban, que se transfiguraban. La música construyó caprichos y los perfiles quedaron desenfocados entre labios y palmas. El perfume era imán, gasa mojada, mientras la extenuación acabó tropezando entre los muebles dorados de la estancia, tan grande que era incapaz de abarcarla. Me alejé un poco más y lo vi todo mejor. Posturas y momentos, espaldas y caricias, trapecistas del susurro y la carcajada. El vino del baile se despertó. Las prendas se inflamaron y lograron volar transformadas en almohadas del alma, en burbujas de leche. El ruido era tan caliente que solo tiritaban las esquinas y las ratas. Las paredes se mancharon, se disfrazaron, se desnudaron, se emborracharon de tiempo. Maquillaje de luces en los párpados de mi cama. Yo, tímida, me escondí y cerré los ojos. Antes de dormirme, pensé: la fantasía no es cosa de hadas. La bola todavía giraba.

El hada se escapó del armario de Helena Santolaya para repartir amores y otros dones.

CocoRosie – Tekno Love Song.mp3

CocoRosie – Rainbowarriors.mp3

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Acerca de cajadeloshilos

Somos tres carretes sin hilo. No tenemos ni presente, ni futuro. Sólo nos une el origen. Un pequeño gran bar zaragozano, donde entre cervezas y humos descubrimos que la ciudad deshilachada aburre. Que hay que coserla. Ahí nació todo. Quizá fue por una canción. O por una borrachera. O por la mirada expectante de Helena. El caso es que allí se encuentra el principio de nuestros desvaríos. El tiempo y la mala fe de algunos frustraron ese punto de encuentro. Pero no se perdió su espíritu y allá donde fuimos nos acompañó “La caja de los hilos”. Ahora volvemos a apuntar el rumbo. Solo necesitamos un hilo, un dedal, una aguja, un trapo viejo y un poco de habilidad. Si queréis colaborar con nosotros, nos podéis enviar vuestros textos a la dirección cajadeloshilos@gmail.com
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