CUENTO DE NAVIDAD

amadeo

En la vieja Caja también hubo un cuento de Navidad. Lo escribió Amadeo Martillo el 24 de diciembre de 2007.

Tengo 32 llamadas perdidas en el móvil, pero no lo pienso coger. Es la Gorda. Supongo que querrá saber por qué no he ido a casa ni en Nochebuena ni en Navidad. Estoy en el aparcamiento del D’Ángelos, sentado en el taxi y con la Mágnum en la mano, dudando entre pegarme un tiro o entrar en un centro comercial y abrir fuego contra todos los gilipollas que digan felices fiestas. Al final, supongo que dejaré el arma en la guantera. Como siempre. Me enciendo un cigarrillo. En la puerta del burdel, alguien me mira y me sonríe. Bajo su abrigo de leopardo se descubren de vez en cuando unas tetas grandes y abruptas. Vuelve a sonar el móvil. 33 llamadas. Es la Gorda otra vez. Supongo que a estas horas la Policía ya me estará buscando. Pensarán que he tenido un accidente y que estoy vomitando sangre en alguna cuneta con el volante cruzado en la cara. O que estoy muerto. Eso sí que sería un motivo para brindar. El taxi está caliente, pero yo tengo frío. La puta me sigue observando. Fuma despacio y se rasca el culo mientras taconea por la entrada del local. Es Carol. Alguna vez hemos follado en el coche a cambio de una carrera y un poco de cariño. Me gusta. Es guapa, pero en los ojos se le agolpan los años y la mala suerte. Mientras busco entre la niebla las nubes negras del atardecer, Carol empieza a caminar hacia mí, dejando tras de sí huellas de grava y jaleo. Abre la puerta del taxi y me da un beso en la boca. Me coge las manos y se las lleva al coño. Me dice guapo. Me pide amor. Cierro los ojos y de repente noto una caricia de alivio en la nuca. La Navidad se esfuma por un instante. El móvil hace ya un rato que se ha quedado sin batería.

Antoine D’Agata es un fotógrafo francés que nos invita a viajar a un infierno desolado y sórdido.

Feliz Navidad…

Antony and the Johnsons – Thank You For Your Love.mp3

Antony and the Johnsons – Cut The world.mp3

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Acerca de cajadeloshilos

Somos tres carretes sin hilo. No tenemos ni presente, ni futuro. Sólo nos une el origen. Un pequeño gran bar zaragozano, donde entre cervezas y humos descubrimos que la ciudad deshilachada aburre. Que hay que coserla. Ahí nació todo. Quizá fue por una canción. O por una borrachera. O por la mirada expectante de Helena. El caso es que allí se encuentra el principio de nuestros desvaríos. El tiempo y la mala fe de algunos frustraron ese punto de encuentro. Pero no se perdió su espíritu y allá donde fuimos nos acompañó “La caja de los hilos”. Ahora volvemos a apuntar el rumbo. Solo necesitamos un hilo, un dedal, una aguja, un trapo viejo y un poco de habilidad. Si queréis colaborar con nosotros, nos podéis enviar vuestros textos a la dirección cajadeloshilos@gmail.com
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