LA NUEVA

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Así recibió C. de la Vega a Alicia Lázuli el 8 de enero de 2008. Ocurrió en la vieja Caja.

Soy poeta. Soy un poeta sin poemas, cierto, pero así empezaron todos los grandes. ¿O acaso se conoce alguna obra de Shakespeare antes de que escribiese su primera obra? ¿Y de Machado o de Baudelaire? Y entonces… ¿Acaso no eran poetas antes de escribir poemas? ¡Por supuesto que lo eran! Uno es poeta hasta que no se demuestre lo contrario y eso solo sucede cuando muere y no deja ningún poema en su legado. Sólo en ese momento se puede afirmar que alguien no ha sido poeta. Nunca antes. Lo digo y no me cansaré de repetirlo hasta cerrar las bocas de los bocazas y los oportunistas. Las bocas de esos mamones comepollas. Esta mañana he entrado en la redacción a las ocho en punto. Fiel a mi propósito de enmienda he hablado con el Sastre para que orientase mi próxima publicación, dispuesto a no dejarme llevar por mis impulsos y colaborar con el desarrollo de este blog, que es mi casa. Siguiendo sus indicaciones, he comenzado a preparar una crónica sobre mi estancia en UK y sobre la fiesta de Año Nuevo en la nave. Me esforzaba por ser correcto en las formas, por ser justo en los contenidos, elegante en las expresiones, agudo en los comentarios, imparcial en los juicios. Me esforzaba por informar honestamente. Pero entonces se abrió la puerta de la redacción y un tacón negro cruzó el umbral. Sostenía un cuerpo sumamente delgado, rozando lo enfermizo. Era la nueva. Durante unos instantes permaneció inmóvil observándonos. Tomó aire y comenzó a caminar. Los tacones se dirigieron con determinación al despacho del Sastre. Ella, lánguida, se contoneaba perezosamente, como si estuviese siendo arrastrada en contra de su voluntad. Su frágil cintura amenazaba con partirse en cada vaivén. Pasó delante de Neo, que con los ojos como platos masculló: “Menudo chocho”. Recorrió el espacio que separa la puerta de entrada y el despacho del Sastre sin mover el aire, como un espectro, como una silueta pura. Sólo una extraña fragancia delataba su materialidad, una esencia de tomillo mezclado con acetona quitaesmaltes. La puerta del despacho se cerró tras ella, y yo corrí al baño situado en la habitación contigua. Una vez allí saqué el fonendoscopio que siempre llevo encima para escucharme el corazón y lo pegué a la pared. Oí tan sólo una frase pero fue suficiente:”…como los textos de Coleguita, sin ambiciones literarias”, dijo ese diablo con cara de ángel. Salí del baño y borré el texto que preparaba con tanto mimo. “Ambiciones literarias”, decía esa puta estirada. Al poco se abrió la puerta y el Sastre anunció que teníamos una nueva compañera. Alicia, la nueva, le guiñó un ojo a Amadeo, quien bajó la cabeza y masticó unas palabras para sus adentros. A ése no le engañan… Entonces se sentó enfrente de mí y abrió su portátil. Necesitaba espacio para el ratón así que, con cierto desdén, apartó el bonsai que Safo había colocado en la mesa tras la crisis navideña para concentrar la energía del aire y mejorar las vibraciones. Vi de cerca su rostro blanco surcado por ojeras hinchadas de llanto y me pregunté cómo se pronunciaría “ambiciones literarias” con una polla metida en la boca.

Eugenio Recuenco es un fotógrafo español especializado en el mundo de la moda y la publicidad. Pero es algo más.

Hoy nos apetece un poco de fuego…

Rammstein – Te Quiero Puta! (YouTube) 

Rammstein – Mein Teil (YouTube)

Rammstein – Du Hast (YouTube)

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Acerca de cajadeloshilos

Somos tres carretes sin hilo. No tenemos ni presente, ni futuro. Sólo nos une el origen. Un pequeño gran bar zaragozano, donde entre cervezas y humos descubrimos que la ciudad deshilachada aburre. Que hay que coserla. Ahí nació todo. Quizá fue por una canción. O por una borrachera. O por la mirada expectante de Helena. El caso es que allí se encuentra el principio de nuestros desvaríos. El tiempo y la mala fe de algunos frustraron ese punto de encuentro. Pero no se perdió su espíritu y allá donde fuimos nos acompañó “La caja de los hilos”. Ahora volvemos a apuntar el rumbo. Solo necesitamos un hilo, un dedal, una aguja, un trapo viejo y un poco de habilidad. Si queréis colaborar con nosotros, nos podéis enviar vuestros textos a la dirección cajadeloshilos@gmail.com
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