UNA VENTANA A PARÍS

hilos20El 26 de marzo de 2008 recuperamos un viejo artículo de Miguel Ángel Ortiz Albero sobre La Caja de los Hilos. Fue publicado por El Periódico de Aragón el 22 de mayo de 2003. “A la vez bar y galería al margen, espacio de bolsillo para el arte y lugar para lo que deba de expresarse. Un escaparate a la calle reinventado cada tres semanas para seguir contando cosas. Un tutú para los creadores”. Así resumía Miguel Ángel el aire que soplaba a través de aquellas ventanas abiertas a la creación y al juego. El resto os lo dejo a continuación. Las lágrimas nos las quedamos nosotros.

El cielo de La Caja de los Hilos es amarillo. Y violetas las paredes y rojas las cortinas. Y el cielo amarillo está salpicado de rojas estrellas como soles; redondas estrellas como botones. Porque el cielo de La Caja está tachonado de grandes botones que lo abotonan todo. Abotonan la música y el vino, la fiesta y las palabras, el arte y la vida cotidiana. Todo bien abotonado y bien cosido, con hilo fuerte de vivos colores. Y es que en una caja de hilos cabe de todo. “Lo mismo hay un zapato que una horquilla… pero también el hilo del discurso”. Y el discurso trenza aquí lo lúdico, el arte y la palabra. Lo trenza y abotona todo en un espacio que tiene algo de caja de magia, casa de muñecas o tienda de juguetes para los sentidos. Caja, casa, tienda o teatro que ahora se abre y se nos muestra en la calle “como una ventana abierta a París” con sus vestiditos de niño y sus niños en cazuelas y sus sopas imposibles de resina en las paredes. Abierta está la caja y bien abierta a las ciudades.

hilos10Moviendo hilos
Helena y Mariángeles son las conductoras de esta ceremonia del arte cotidiano tan personalmente inventada. “Todos nos inventamos un mundo. Esta ventana también”. Porque una ventana inventa mundos y genera situaciones. “Tiene vida propia. A partir de la ventana ocurren cosas. Hay interacción”. Hay vida desde dentro hacia fuera y también desde la calle al interior. Y la vida se canaliza a través de este escaparate, ventana o espacio “con el que hay que emocionarse” y al que han bautizado como Tutú. “Tutú es tanto por un detergente de cuando éramos niñas, como por nada en particular; tanto por el tren tutú, como por implicarte a ti a ti”. Implicación que arrastra sin duda a las miradas hacia esta “galería transportable de bolsillo” en la que podemos atrapar tantas cosas paseando la calle a uno y otro lado. Porque la ventana, es cierto, llama a voces. “El proyecto no es ninguna innovación. No se nos ocurrió. Simplemente estaba ahí y lo pedía a gritos. Como una ventana de escaparate que podía dar salida a situaciones personales, del mismo modo que ya usábamos el bar para expresarnos”. Con la diferencia, ahora, de que la ventana se abre para todos, sean espectadores, curiosos o mentes inquietas con palabras en los bolsillos. “Al ofrecérselo a la gente no pensábamos en la felicidad de ellos sino en la nuestra. Pero todo el mundo pone mucha pasión y lo que hacen lo hacen porque tienen algo que decir”. Y al decir de lo que se ve, de las instalaciones hechas por y para este espacio, de las intervenciones asomadas a la ventana, de las palabras arrojadas al cristal con fuerza, lo que se dice es mucho y mucho lo que habrá de seguir diciéndose. Y todo bien abierto hacia la calle. “El día de cada inauguración, se abre la cortina roja que cierra el espacio y todos los que estamos en el interior de La Caja pasamos a formar parte del escaparate. Es algo mágico”.

hilos30Pasen y vean
A Pedro Bericat, también alma del lugar, le gusta “que se vea la tramoya”. Quién mejor que él para descorrer por vez primera el telón inaugural, para reivindicar el escaparate como el espacio expositivo que es. Sembró el lugar de notas musicales como grageas de resina y cinta magnetofónica. Y Helena sirvió sopa caliente de letras en pucheros de campaña “como homenaje al propio Bericat y a su idea de la comida como arte. Y para unir el hilo y el discurso”. Y es que siempre hablan las inauguraciones de lo que sucede en la ventana. Así, el Pan Bendito de Luis Marco, como recuerdo de infancia, se hizo obra que hubo que comerse con tapetes blancos y vino de consagrar. Así, la Isla Corazón de Objetos Secuestrados y Robados que conquistaron Susana Martínez y Pierre d. La, se hizo mar azul de cóctel para beber en tubos de ensayo. Así, el estado del alma que era Qerubva, estado de Yago de Mateo y Piluca Molero, se sirvió como pis de ángel que riega fresas deliciosas. Así, los helicópteros transportaron una ayuda humanitaria de palomitas de maíz, a través de una ventana abierta al vacío de la guerra por Beatriz Navarro, pasada con tragos de sangría. Y así, la Revelación de Raúl Navarro repartió obleas mojadas en cóctel servido en pila bautismal y bebido en vieira de peregrino.Y así seguirá siendo lo que venga en adelante. Como así seguirá transformándose lo cotidiano en esta caja, “al igual que la literatura transforma la realidad” para que a cada momento todo cambie, todo se abotone y se hilvane y se cosa a lo maravilloso; para que siempre se desvanezca esa verja ante el cristal “que es como una barrera que hay que atravesar y que termina por desaparecer”; para que se inunde la calle de ventana abierta a París, a Zaragoza o a donde sea. “Nos gustaría que todos los escaparates fuesen así. Pero cuando las cosas se popularizan, se vulgarizan y se pierden”. Que sea pues éste el reducto de magia inventado entre hilos y botones. Que sea lo que debe ser, como lo es.

Las ilustraciones de La Caja de los Hilos salieron de las manos del genial ilustrador zaragozano Ernesto Sarasa, a quien esperamos ver pronto.

La Caja de los Hilos sonaba a veces como las botas de Nancy Sinatra.

Nancy Sinatra – These Boots Are Made For Walkin’.mp3

Nancy Sinatra – The City Never Sleeps At Night.mp3

Nancy Sinatra – Sugar Me.mp3

Nancy Sinatra – My Baby Cried All Night Long.mp3

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Acerca de cajadeloshilos

Somos tres carretes sin hilo. No tenemos ni presente, ni futuro. Sólo nos une el origen. Un pequeño gran bar zaragozano, donde entre cervezas y humos descubrimos que la ciudad deshilachada aburre. Que hay que coserla. Ahí nació todo. Quizá fue por una canción. O por una borrachera. O por la mirada expectante de Helena. El caso es que allí se encuentra el principio de nuestros desvaríos. El tiempo y la mala fe de algunos frustraron ese punto de encuentro. Pero no se perdió su espíritu y allá donde fuimos nos acompañó “La caja de los hilos”. Ahora volvemos a apuntar el rumbo. Solo necesitamos un hilo, un dedal, una aguja, un trapo viejo y un poco de habilidad. Si queréis colaborar con nosotros, nos podéis enviar vuestros textos a la dirección cajadeloshilos@gmail.com
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