NO RESPIRA

saudekPablo Díaz nos dejó en este texto la emoción, el dolor y la locura que acompañan a la pérdida. Ocurrió el 18 de junio de 2008, en la vieja Caja.

El paso de cebra parece interminable desde ahí. Los cuerpos pegajosos se aglutinan a ese lado de la calle esperando el pistoletazo de salida. Gentes que como Maite están ya podridas de estrés. Un militar perdido. Una mujer mora empuja un carrito y dibuja una sonrisa irreversible. Tres negros arrastran sus camisetas de los Lakers. Dos enfermeras y cincuenta miradas convalecientes. De repente, una de esas miradas insanas apunta al carrito y se escucha un susurro líquido: “Ese niño no respira”. No se mueve, dice otra voz anónima. El bebé lleva una manta sobre la cabeza que le cubre el cuerpo al completo salvo los pies. Pies imposibles de tapar puesto que fueron diseñados hacia afuera. Ahora la multitud ha dejado de mirar al semáforo y se ha vuelto hacia ella. Ahora es cuando las mordazas se sueltan y los locos dicen las verdades afiladas que atraviesan sus gargantas. No respira. No se mueve. Y la mora sigue con esa sonrisa pétrea cuyos surcos auguran futuros alentadores. Uno de los negros se acerca al carrito y se lleva el bebé. La madre no ha podido echarle el guante en un primer momento pero corre hacia él. Y he aquí que la multitud se solidifica en un collage de carne estúpida que solo respira (de manera también estúpida). Y el negro pasa el bebé a su amigo y éste al otro como si fuera una jugada ensayada. La mujer corre tras su hijo con las pupilas cargadas de óxido y blasfemia. Se oyen risas y brisas. Uno de los raptores decide cruzar corriendo con el bebé en la mano. Tras él sólo brazos vacíos y deseo ácido. El bebé resbala y cae al suelo en mitad de la calzada pero su madre ya está ahí para socorrerlo. Lo levanta, lo acuna y lo besa. Lo aprieta contra su pecho y llora una lágrima negra que al caer sobre la manta escribe: “No te pasará nada mientras yo viva”. Pero es tarde. Es fastidiosamente tarde. Y el collage de carne estúpida sigue mirando estúpidamente cómo la mujer con el niño es arrollada por una furgoneta ingenua. El estruendo de los huesos contra la chapa inunda la ciudad entera y deja las fachadas teñidas de vértigo. A los pies de Maite cae ella, claramente muerta. Le falta un ojo y la mitad de la cara. Conserva la sonrisa, en cambio, aunque quebrada por no dejarse doblegar. A unos metros yace el bebé ya sin manta. Tampoco tiene ojos pero no importa, nunca los tuvo. Es un muñeco de plástico.

El maestro Jan Saudek retrató en 1973 a esta bella mujer. La obra se titula “Lágrimas negras”.

Mariane Faithfull – Mother Wolf.mp3

Anuncios

Acerca de cajadeloshilos

Somos tres carretes sin hilo. No tenemos ni presente, ni futuro. Sólo nos une el origen. Un pequeño gran bar zaragozano, donde entre cervezas y humos descubrimos que la ciudad deshilachada aburre. Que hay que coserla. Ahí nació todo. Quizá fue por una canción. O por una borrachera. O por la mirada expectante de Helena. El caso es que allí se encuentra el principio de nuestros desvaríos. El tiempo y la mala fe de algunos frustraron ese punto de encuentro. Pero no se perdió su espíritu y allá donde fuimos nos acompañó “La caja de los hilos”. Ahora volvemos a apuntar el rumbo. Solo necesitamos un hilo, un dedal, una aguja, un trapo viejo y un poco de habilidad. Si queréis colaborar con nosotros, nos podéis enviar vuestros textos a la dirección cajadeloshilos@gmail.com
Esta entrada fue publicada en Palimpsestos y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s