EL PERRO

hada21El 16 de julio de 2008 nos llegó una nueva aventura del hada madrina. Fue un encuentro curativo y mágico.

Me aventuré en el bosque buscando respuestas y solo encontré sombras de purpurina. Me adentraba en los escondrijos de los árboles, donde hallar escuetas soluciones al enigma, pero nada, el sol se distraía ufano con las ninfas y ocultaba la verdad bajo las manos oscuras que todo lo tapan. De las grietas de las rocas se escurrían silbidos intrascendentes y las nubes se abrazaban a la espera de un cambio. Entonces escuché un ladrido ciego y lo agarré con los dedos. Lo miré y casi dejé que me arrastrara con suavidad hasta una pradera plateada por la pérdida. Allí estaba el perro, con una herida negra que zigzagueaba por su pata, que se desdibujaba entre la sangre viscosa del que empieza a decir adiós. Me aproximé con cuidado y vi cómo sus ojos temblaban al parpadear, cómo el hocico exhalaba un lamento sordo, cómo su boca burbujeaba ante la llegada de la parca. Noté que la sal de mis lágrimas se colaba entre mis labios y que la hierba sucumbía al advertir la derrota. Alcé mi varita con cautela y la acerqué a la brecha. Las luces de colores se enredaron entre gritos asustados. Poco a poco, la herida se cerró como si fuera un gusano venenoso enterrado por la marea. El perro se levantó aturdido y echó a correr buscando calor. Di un paso hacia atrás y miré al cielo. Eché a reír. El sol, al fin, me estaba mirando.

El hada que ilustra este artículo ha sido rescatada del botiquín de Helena Santolaya, donde estaba un tanto angustiada entre alcoholes y gasas.

Algo se escucha en el bosque…

Cocteau Twins – Lorelei.mp3

Cocteau Twins – A Kissed Out Red Floatboat.mp3

Cocteau Twins – Song To The Siren (Live).mp3

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Acerca de cajadeloshilos

Somos tres carretes sin hilo. No tenemos ni presente, ni futuro. Sólo nos une el origen. Un pequeño gran bar zaragozano, donde entre cervezas y humos descubrimos que la ciudad deshilachada aburre. Que hay que coserla. Ahí nació todo. Quizá fue por una canción. O por una borrachera. O por la mirada expectante de Helena. El caso es que allí se encuentra el principio de nuestros desvaríos. El tiempo y la mala fe de algunos frustraron ese punto de encuentro. Pero no se perdió su espíritu y allá donde fuimos nos acompañó “La caja de los hilos”. Ahora volvemos a apuntar el rumbo. Solo necesitamos un hilo, un dedal, una aguja, un trapo viejo y un poco de habilidad. Si queréis colaborar con nosotros, nos podéis enviar vuestros textos a la dirección cajadeloshilos@gmail.com
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