EL SOL

solEl 11 de agosto de 2008, Amadeo Martillo pasó calor. Y lo contó en la Caja con su peculiar estilo.

Una gota de sudor se desliza por mi sien y pienso en la muerte como un refugio helado lejos este infierno. El sol se alza amenazador sobre las torres de oficinas tostadas por la canícula. Creo que veo lagartos sobre el capó, recorriendo el volante, levantando el polvo del parabrisas, sacando la lengua abruptamente ante mi aliento desfallecido. Anoche no pude dormir, empapado, transpirando, revolcándome entre las sábanas buscando un escupitajo de frío lejos del culo de la Gorda, de sus muslos hinchados y torpes. Quizá sea la falta de sueño. El coche es un horno con olor a tabaco. En la calle no hay nadie, todos escapan del vapor que exuda el asfalto blando y pringoso por la violenta ascensión del mercurio. Maldito calor, maldita ciudad. Maldito mercurio. Agosto cada año es más cabrón y yo sigo aquí, atrapado entre los tubos del radiador, con la boca seca, pastosa, blanca, torpe. Arranco el taxi, bajo la ventanilla y me dirijo a la autopista viscosa. Si cojo velocidad quizá se aplaque el bochorno que me azota por dentro. Pero no es así. Una columna de viento árido me abrasa la frente, los ojos, el pecho, mientras mi antebrazo izquierdo empieza a crepitar, a tostarse bajo la maquiavélica radiación que escupe Satán. Me detengo en un descampado. Hay un olivo muerto, neumáticos quemados, un columpio viejo y una choza abandonada. Al lado hay una fuente seca, dibujada en amarillo. El río está lejos. Creo que estoy caminando en un charco polvoriento de serpientes de cascabel. Ese sonido no me deja pensar. Saco la pistola y le pego un tiro al sol. Dos. Tres. Vacío el cargador mientras las piedras se parten ante los mordiscos de la temperatura. La calima me ciega y pequeñas nubes de arena acompañan los golpes de mis botas. Echo un trago de ginebra caliente y me enciendo un cigarrillo. Miro al sol y su cara de hijoputa. Que te jodan.

Laura DeAngelis fotografía el desierto y muchas otras cosas. Mirad, es una maravilla.

Qué calor…

Yeah Yeah Yeahs – Sacrilege.mp3

Yeah Yeah Yeahs – Runaway.mp3

Yeah Yeah Yeahs – Black Tongue.mp3

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Acerca de cajadeloshilos

Somos tres carretes sin hilo. No tenemos ni presente, ni futuro. Sólo nos une el origen. Un pequeño gran bar zaragozano, donde entre cervezas y humos descubrimos que la ciudad deshilachada aburre. Que hay que coserla. Ahí nació todo. Quizá fue por una canción. O por una borrachera. O por la mirada expectante de Helena. El caso es que allí se encuentra el principio de nuestros desvaríos. El tiempo y la mala fe de algunos frustraron ese punto de encuentro. Pero no se perdió su espíritu y allá donde fuimos nos acompañó “La caja de los hilos”. Ahora volvemos a apuntar el rumbo. Solo necesitamos un hilo, un dedal, una aguja, un trapo viejo y un poco de habilidad. Si queréis colaborar con nosotros, nos podéis enviar vuestros textos a la dirección cajadeloshilos@gmail.com
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