A BETTIE PAGE

11522_content_Bunny-Yeager-3M. nos recordó el 14 de diciembre de 2008 a la reina de las pin ups, que nos había abandonado unos días antes meneando su melena negra y entornando sus traviesos ojos azules.

Anoche rebusqué entre mis cosas y no encontré nada. Ni mi viejo látigo, ni mi sostén de pedrería, ni mi corpiño negro con las medias a juego, ni mis cuerdas de amar. Pero lo peor de todo es que no estabas tú. Ni en las viejas fotos, ni en el calendario del 56, ni en las amarillentas playboys con las que me consolaba, ni en las postales, ni en los cómics, ni en los sucios carteles de la diosa del burlesque, del erotismo y del glamur. Ni siquiera en mis tatuajes. Bettie Page ya no está junto a mi cama, dispuesta a darme mi azote nocturno para llevarme a la delicada agonía del placer. Siempre tan fetish, Bettie, siempre tan puta. Te quiero, Bettie, y ya siento no habértelo dicho antes, pero puede que no me atreviera. Quiero tu melena negra, tus ojos azules, tus pezones claros, el baile de tus caderas, la curvatura de tus piernas, la estremecedora circunferencia de tus muslos invitándome a la flagelación, la infatigable longitud de tus tacones preparados para matar. Te recuerdo en la jungla, chica mala, entre leopardos, en la playa, jugando con las olas, en el salón de tu hogar, agarrando a una que siempre era más fea que tú, a la que pegabas, atabas, dominabas. Siempre ganabas tú. Ahora estás muerta, Bettie Page, y no encuentro nada de lo que me regalaste. Quizá lo hayas recogido sin que me dé cuenta para otra ocasión. Será para el día en que nos encontremos, cuando, tal vez, me concedas el último azote.

Bettie Mae Page, la más célebre pin up de los 50, falleció en Los Ángeles el 11 de diciembre de 2008 a los 85 años. La espectacular imagen que ilustra este texto es obra de la fotógrafa y modelo Bunny Yeager.

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Acerca de cajadeloshilos

Somos tres carretes sin hilo. No tenemos ni presente, ni futuro. Sólo nos une el origen. Un pequeño gran bar zaragozano, donde entre cervezas y humos descubrimos que la ciudad deshilachada aburre. Que hay que coserla. Ahí nació todo. Quizá fue por una canción. O por una borrachera. O por la mirada expectante de Helena. El caso es que allí se encuentra el principio de nuestros desvaríos. El tiempo y la mala fe de algunos frustraron ese punto de encuentro. Pero no se perdió su espíritu y allá donde fuimos nos acompañó “La caja de los hilos”. Ahora volvemos a apuntar el rumbo. Solo necesitamos un hilo, un dedal, una aguja, un trapo viejo y un poco de habilidad. Si queréis colaborar con nosotros, nos podéis enviar vuestros textos a la dirección cajadeloshilos@gmail.com
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