MI COÑO

kern1Cuando al Sastre le llegó este texto el 5 de enero de 2009 pensó directamente en no publicarlo. Era una parida más de Josefina Ketamina. Pero la censura incumpliría los principios del blog. De todas formas, si lo lees un par de veces puede tener hasta cierta gracia… En fin, dale al play.

El sábado pasado fue destroyer que te cagas. Empezamos poniéndonos hasta el culo de metanfetaminas y acabamos ciegos de farlopa boliviana, MDMA, PCP… Yo qué sé, allí había de todo, pirulas de todos los tamaños, colores y sabores. Glorioso. Psicotrópico sniff power. Estaba tan ciega que acabe en el baño haciéndole una paja a Coleguita mientras me comía unas amanitas que le había traído un girao de Tarazona. Al final, ni le pude echar un polvo de lo zumbada que iba. Al llegar a casa era de día y no había quien se durmiera. Me despeloté, me senté en el sofá y me empecé a hacer un dedo sin ganas. Pero me entró la paranoia. ¿Por qué los tíos siempre sueñan con comerse la polla a sí mismos? Ellos no llegan, pero ¿llegaría yo? Mi chichi ahí había estado siempre pero yo nunca lo había intentado. Llamadme loca, pero eso pensé. Me miré el coño, con sus rizos y su cosa, y bajé el cuello, para ver si estaba tan lejos como parecía. Ostia puta, que no sé si fueron los fármacos pero me puse la jeta justo enfrente del chocho. Allí estábamos las dos, cara a cara, dispuestas a tener una conversación de mujer a mujer. Olía un poco y estaba un poco rojete. Ya decía yo que me picaba. Mañana compro cremita para los hongos que eso nunca debe faltar en casa. Saqué la lengua y le di un lametón. Ufff… casi me corro de la impresión. Empecé a rodear el clítoris, dándole chupetones bruscos de vez en cuando, me pellizcaba las tetas como a mí me gusta. Arriba, abajo, arriba, abajo… Hummm… Ahhhh, ahhh, ahhh… ¡QUÉ CORRIDA COLEGUITAS! Esto no lo hace un tío ni de coña. Cuando me recuperé, seguía ahí, inclinada frente al chocho. Giré la cara hacia la mesa del salón para meterme otra raya y volví a dónde estaba. Tenía el coño a centímetros de mi boca, qué fuerte. Acercé otra vez la cara y aplasté la nariz contra la vulva. Metí un poco la barbilla y me di cuenta de que se abría un poco. Seguí hurgando y la cosa se dilataba más y más y más… ¡Tenía la cara dentro del coño!

Yo pensaba que en un coño reinaría la oscuridad más absoluta. Pues no. Mi coño por dentro era rosa, brillante. Solo había alguna muesca del pollón de algún hijoputa. Pero por lo demás, mi coño era Disneylandia. Era supergrande, lleno de atracciones, lucecitas de colores y con música de fondo. En mi coño sonaba a saco la Marnie Stern. Era flipante. Avancé un poco y casi sin darme cuenta tenía la cabeza entera en el conejo. Miré hacia arriba y todo era amplio, gigantesco, no se veía el final. Con un ligero giro metí los hombros y después los brazos. Ya estaba dentro. De puta madre. Fui subiendo poco a poco. Las paredes del coño eran resbaladizas y calientes. Molaban mucho. En mi coño había una mesita de cristal con siete rayas y un cartel que decía: “Sírvase usted mismo”. Me metí un par y seguí ascendiendo. Arriba se veía una luz blanca. Me acerqué despacio. Abrí un poco el agujero. Y un poco más. Y más, y más… Abrí tanto el agujero que casi me cabía la cabeza. Un poco más… Cabeza fuera. Cuando vi el panorama, lo flipé. La ostia… ¡Era mi salón! Había salido por la boca y mi cuerpo era un puto nudo. Ufff… ¿Y ahora qué? ¿Vuelvo atrás y me quedo a vivir en el coño o busco una salida para volver a mi jodida normalidad? ¿Me quedo con la alegría de mi chocho o me busco la fiesta por otro garito? Joder… La cosa se complica. ¿Y si me quedo en el coño, qué le digo al Coleguita? ¿Y cómo le como la polla si estoy metida en mi chumino? Y lo más importante. ¿Cómo me folla si estoy dentro del chocho? Demasidas dudas, demasiadas incógnitas y encima de blancazo. Mecagoenlaputa… Nunca debí dejar los ansiolíticos. Creo que necesito un valium. ¿Habrá en el coño?

Richard Kern es uno de los cineastas, escritores y fotógrafos más reconocidos del underground neoyorquino. Con su obra “Upskirts” ilustramos este artículo.

Play your guitar…

Marnie Stern – For Ash.mp3

Marnie Stern – This Was It.mp3

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Acerca de cajadeloshilos

Somos tres carretes sin hilo. No tenemos ni presente, ni futuro. Sólo nos une el origen. Un pequeño gran bar zaragozano, donde entre cervezas y humos descubrimos que la ciudad deshilachada aburre. Que hay que coserla. Ahí nació todo. Quizá fue por una canción. O por una borrachera. O por la mirada expectante de Helena. El caso es que allí se encuentra el principio de nuestros desvaríos. El tiempo y la mala fe de algunos frustraron ese punto de encuentro. Pero no se perdió su espíritu y allá donde fuimos nos acompañó “La caja de los hilos”. Ahora volvemos a apuntar el rumbo. Solo necesitamos un hilo, un dedal, una aguja, un trapo viejo y un poco de habilidad. Si queréis colaborar con nosotros, nos podéis enviar vuestros textos a la dirección cajadeloshilos@gmail.com
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