CRÓNICA DE LOS DÍAS IMPERFECTOS

recuenco1En 2009, el 4 de febrero, la vieja Caja publicó un relato de luz y oscuridad, de ruido y silencio, escrito por Sonia Fides. Esperamos que no sea el último.

Jaime siempre había querido vivir en el Polo Norte, le gustaban desde niño las cosas categóricas, sus colores favoritos eran, como es de suponer, el negro y el blanco, los únicos colores que le sentaban bien a un hombre cuerdo. Sobre la mesa de su escritorio había distintas versiones de una misma película, “Los amantes del círculo polar” y eso que todavía no había amado a nadie de carne y hueso.

Esos sí amaba la oscuridad tanto como amaba la luz, y por eso no se cansaba de ver esa película y por eso sabía que España era sólo un improvisado destino para él. Demasiado sol y demasiada noche pero con una duración que no era nunca la que él necesitaba para sentirse a gusto. En el polo norte todo estaba más equilibrado, la luz y la oscuridad se repartían por igual y por tanto se disfrutaban por igual, además Jaime siempre había sido un furibundo fan de las líneas rectas, detestaba tanto los relojes que  tal vez por eso amaba tanto al rebelde Polo Norte, allí los relojes no eran más que una anécdota, y al cielo le importaba muy poco si se paraban o no.

Tal vez por eso recurrió a los fármacos.

Estaba harto de ser un exiliado. Cuando decía esta frase sus amigos se reían de él, de aquel exiliado con los papeles en regla y con un sueldazo, pero Jaime no los escuchaba, y cuando se reían de él se concentraba hasta recordar su sonido favorito, el de los iceberg plantándole cara a su inamovible Destino. Tal era su obsesión por el Polo Norte que había habilitado una de las habitaciones de su casa sólo para guardar sus cientos de Dvd’s sobre aquel lugar. Los visionaba una y otra vez, hasta que un día se le estropeo el aparato que los reproducía y de pronto apareció otro canal en la pantalla. Adiós al Polo Norte, al silencio, a la elegante melodía de los icebergs rebelándose contra la engañosa quietud del océano y hola a un ruido feroz de sirenas, de voces que imaginó que clamaban justicia. Nunca había visto tantos cuerpos quietos, nunca, hasta ese momento, hubiera podido imaginar que bajo el cuerpo de un niño muerto, la tierra pierde su capacidad para girar y su quietud juega a poner en pie todo el vello de tu cuerpo. Pensó en que debía documentarse sobre el tema, porque tal vez bajo el cuerpo de un adulto, la tierra siguiera su rutina diaria.

No, seguro que fue por esto por lo que recurrió a los fármacos y por esto mismo fue por lo que salió de casa y se acercó hasta la farmacia más cercana.

Entró, le preguntó a la dependienta qué tipo de medicamentos eran necesarios para hacerse un fondo de ojo. La dependienta, se extrañó pero no dudó en hablarle acerca de los colirios con midiátricos y los colirios con atropina. No obstante le recomendó los primeros porque los segundos tenían más efectos secundarios. Le contó toda la vida privada de aquellos líquidos, como la atropina podía dilatar su efecto durante tres semanas. Pensó en que la atropina era sin duda la fémina más seductora del universo de los colirios y pensó también que ya tenía edad suficiente para enamorarse. Le pidió que le diera diez botes, treinta días cubiertos por si volvía a estropeársele de manera inesperada su aparato reproductor de Dvd’s. La dependienta metió las diez cajitas en una bolsa de plástico y Jaime pagó su dosis en metálico. No quiso dejar ningún rastro de su cobardía

Eugenio Recuenco es uno de los fotógrafos publicitarios más reconocidos. Su estilo es inconfundible.

Difícil elección

Regina Spektor – All The Rowboats.mp3

Regina Spektor – 20 Years Of Snow.mp3

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Acerca de cajadeloshilos

Somos tres carretes sin hilo. No tenemos ni presente, ni futuro. Sólo nos une el origen. Un pequeño gran bar zaragozano, donde entre cervezas y humos descubrimos que la ciudad deshilachada aburre. Que hay que coserla. Ahí nació todo. Quizá fue por una canción. O por una borrachera. O por la mirada expectante de Helena. El caso es que allí se encuentra el principio de nuestros desvaríos. El tiempo y la mala fe de algunos frustraron ese punto de encuentro. Pero no se perdió su espíritu y allá donde fuimos nos acompañó “La caja de los hilos”. Ahora volvemos a apuntar el rumbo. Solo necesitamos un hilo, un dedal, una aguja, un trapo viejo y un poco de habilidad. Si queréis colaborar con nosotros, nos podéis enviar vuestros textos a la dirección cajadeloshilos@gmail.com
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