LA LUZ ENCENDIDA

pilo2Amadeo Martillo descubrió su lado más íntimo el 19 de junio de 2009. Amores de última hora junto a las luces de la autopista.

Me duelen los ojos y no sé por qué. Quizá sea el sudor, que siempre se me cuela entre los párpados. O el temor a seguir mirando. Hace calor o a mí me lo parece. Me levanto, desnudo, pesado, rebuscando en el estómago por si aparece alguna explicación. “¿Te vas ya?”, dice Carol. No contesto. A través de la ventana, las luces de neón retiñen a ciegas sobre al angosto pasillo que deja la luz de la autopista. Busco la ginebra y me hecho un trago. Enciendo un cigarrillo y pienso en quién tendrá la culpa. En el bidé, las bragas de Carol se empapan de aburrimiento. En el suelo hay unas flores. Los coches sueltan un relámpago mientras trato de encontrar un atajo. Pero no hay atajos en la frontera del taxi, solo sudor en los ojos y un poco de ginebra caliente. “¿Te acuerdas del día en que nos conocimos?”. Ya no pienso en los días, sino en el tic tac de la cuenta atrás. Suena la música. Son trompetas, guitarras y las voces desdibujadas del último borracho del club. “¿Te pasa algo?”. Me pongo los calzoncillos en silencio. La camisa. Los pantalones. Los zapatos. Enciendo otro cigarrillo mientras observo a Carol, con sus pechos recogidos en un abrazo, con una nube en los ojos, mirando al techo. Dejo cien euros en la mesilla y me voy hacia la puerta. “¿Te vas ya?”. Salgo del cuarto acompañado por un suave olor a pensamiento. La luz de las escaleras está apagada. Busco el primer peldaño con la punta del pie. Carol abre la puerta. “Enciéndete la luz”, susurra mientras aprieta con desdén el interruptor.

Pilo Pichler es un fotógrafo austriaco con un curioso sentido de la velocidad, la sensualidad y el deseo. Y de la tristeza, también.

Amor…

Love – Alone Again Or (YouTube)

Calexico – Alone Again Or (YouTube)

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Acerca de cajadeloshilos

Somos tres carretes sin hilo. No tenemos ni presente, ni futuro. Sólo nos une el origen. Un pequeño gran bar zaragozano, donde entre cervezas y humos descubrimos que la ciudad deshilachada aburre. Que hay que coserla. Ahí nació todo. Quizá fue por una canción. O por una borrachera. O por la mirada expectante de Helena. El caso es que allí se encuentra el principio de nuestros desvaríos. El tiempo y la mala fe de algunos frustraron ese punto de encuentro. Pero no se perdió su espíritu y allá donde fuimos nos acompañó “La caja de los hilos”. Ahora volvemos a apuntar el rumbo. Solo necesitamos un hilo, un dedal, una aguja, un trapo viejo y un poco de habilidad. Si queréis colaborar con nosotros, nos podéis enviar vuestros textos a la dirección cajadeloshilos@gmail.com
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