MARATÓN

Desde que se celebró en Jaca el curso dirigido por Clara Marta “De vuelta con el cuaderno”, Zaragoza se fue convirtiendo en el paradigma del pincel y la acuarela. Hemos trasladado a La caja de los hilos la crónica que Alicia Lázuli escribió del I Maratón de dibujo y que se publicó en el blog vecino Devueltaconelcuaderno allá por el mes de noviembre de 2009.

Querida tía Neus:

Estaba impaciente por hablar contigo y por contarte que participé en el I Maratón de Dibujo en Cuaderno que el sábado pasado reunió en Zaragoza a un montón de gente armada con lápiz y acuarela. Como de costumbre, no fue fácil llegar al punto de encuentro porque –ya sabes lo despistada que soy- acudí a las 11 de la mañana a la Plaza de los Sitios y me encontré con la Escuela de Arte cerrada  y una furgoneta roja en la puerta como todo signo de señal humana. Recordé después que la nueva Escuela se encuentra en la margen izquierda del río y que allí era la cita. Cuando llegué a la terraza del nuevo edificio se me pusieron los pelos de punta: personajes de todas las edades, sexos y colores garabateaban sus cuadernos intentando meter a presión el Pilar, El Ebro o la antena de televisión vecina.

Empecé a reconocer rostros de los que había conocido en Jaca y comenzó una larga ronda de abrazos. La alegría del reencuentro me hizo olvidar la sensación de patito feo que tenía por no dominar el dibujo (y eso que ya sabes que me matriculé en la Academia Cañada y he progresado mucho). Saqué mi libreta y, como si estuviera atacada por la Cuadernitis A, empecé a dibujar a todo el que se encontraba en ese momento en la terraza. Si cabían el Ebro, el Pilar y hasta la televisión aragonesa, por qué no iban a caber cincuenta pirados en mi cuaderno. No tuve tiempo de comprobarlo porque apenas había conseguido dibujar –otra cosa es que se parezcan- unas pocas personas, Clara Marta, la capitana, nos dirigió hacia el centro de la ciudad para poder templar los dedos con una taza de café caliente porque, contra todas las predicciones, el sol brillaba, pero por su ausencia. Desde las cristaleras de “El Real”, en la esquina de la calle Alfonso, se podía dibujar el Pilar que -ya más de mediodía- reunía en su plaza una buena representación de fieles y de infieles. Algunos optaron por quedarse en la esquina o por callejear buscando otros lugares que llevarse al cuaderno. Antes de acudir al restaurante del Centro de historia, que a las dos de la tarde serviría como punto de encuentro, pasamos por un solar de la calle Santiago donde José Azul había instalado sus “seres que pululan”, esculturas de hierro que algunos se llevaron también a la libreta. Yo preferí llevarme un trozo de jamón, pero a la boca.

Clara Marta había reservado mesa para treinta, pero, aunque muchos se quedaron atrapados en la torre que estaban dibujando o tenían otros planes, todas las previsiones fueron pocas y, como apóstoles del cuaderno, doce de nosotros fuimos a comer al Entalto haciendo una parada en el Millán, esa bodega a la que vamos a tomar el vermut siempre que vienes de París, tía Neus. Me quedé alucinada con Fouad, un amigo de Toño el de Madrid (que es capaz de llevarse al cuaderno el parque de bomberos de Getafe) que nos dibujó a todos sin mirar el papel y que se marcó un dúo con Teresa de la Cal de morirse. Mientras ella sujetaba el bolígrafo como si fuese un detector de actividad sísmica, él movía el cuaderno… un ejercicio de verdad asombroso.

Aunque eché en falta a más de una persona, todo fue emocionante: la comida, el café en el Centro de Historia, el paseo para ir a dibujar la haraponave (la llaman así porque Helena Santolaya y sus amigos intercambiaban allí, como pretexto de la fiesta, ropa vieja), el regreso al Pasaje del Ciclón, último punto de encuentro de la jornada…

La verdad es que yo no dibujé Zaragoza, al menos no en el sentido arquitectónico, porque al final del día lo único que había recogido en mi cuaderno era un montón de rostros poco reconocibles, pero te aseguro, tía Neus, que tienen para mí más poder de evocación de la ciudad que los mismos leones de bronce del Puente de Piedra.

Te echo de menos, tía Neus.

Alicia.

Los dibujos son de Helena Santolaya.

Colorea…

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Acerca de cajadeloshilos

Somos tres carretes sin hilo. No tenemos ni presente, ni futuro. Sólo nos une el origen. Un pequeño gran bar zaragozano, donde entre cervezas y humos descubrimos que la ciudad deshilachada aburre. Que hay que coserla. Ahí nació todo. Quizá fue por una canción. O por una borrachera. O por la mirada expectante de Helena. El caso es que allí se encuentra el principio de nuestros desvaríos. El tiempo y la mala fe de algunos frustraron ese punto de encuentro. Pero no se perdió su espíritu y allá donde fuimos nos acompañó “La caja de los hilos”. Ahora volvemos a apuntar el rumbo. Solo necesitamos un hilo, un dedal, una aguja, un trapo viejo y un poco de habilidad. Si queréis colaborar con nosotros, nos podéis enviar vuestros textos a la dirección cajadeloshilos@gmail.com
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