LABORDETA

Este crucigrama de Helena Santolaya y Mariángeles Cuartero fue publicado el 10 de agosto de 2010 en la vieja Caja de los Hilos.

El 31 de julio miles de personas acudieron al Monasterio de Veruela para manifestar su reconocimiento y cariño a José Antonio Labordeta, a quien estaba dedicado el IX Festival Internacional de Poesía Moncayo. Muchos fueron los artistas que participaron con su obra, su palabra o su voz. La caja de los hilos quiere también adherirse a este abrazo poético. Os invitamos a resolver el crucigrama que Helena Santolaya y Mariángeles Cuartero confeccionaron hilvanando la vida y obra de José Antonio Labordeta.

Somos…

José Antonio Labordeta – Somos (YouTube)

José Antonio Labordeta – Canto a la Libertad (YouTube)

Muy pronto, las soluciones al crucigrama…

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25 DE NOVIEMBRE DE 2018

Helena Santolaya leyó esta carta de Alicia Lázuli en el instituto Tubalcaín de Tarazona (Zaragoza), con motivo del Día internacional de la eliminación de la violencia contra las mujeres.

Querida tía Neus, cómo me gustaría que estuvieras aquí ahora que se aproxima el
25 de noviembre. Ya sé que tú siempre dices que la lucha contra la violencia hacia la
mujer no puede limitarse a un solo día, que ha de ser una tarea permanente, pero no
puedo evitar un nudo en la garganta cada 25 de noviembre. Tú me contaste que fue el
movimiento feminista latinoamericano quien acuñó esa fecha en 1981, conmemorando
la muerte de Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, tres hermanas violentamente
asesinadas en la República Dominicana en 1960 por su oposición al dictador Trujillo,
y que más tarde, en 1999, la ONU se sumó a la jornada reivindicativa y declaró cada
25 de noviembre Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.
Entiendo que es necesario que los gobiernos tomen conciencia del problema, que se
tomen medidas para combatirlo, pero es triste que tenga que institucionalizarse un día
para recordarnos lo que nunca debería ocurrir, ¿no te parece, tía Neus? Es desalentador
pensar que la violencia ejercida contra las mujeres es la más extendida en el mundo, no
en algunos países del mundo, no, ¡en el planeta entero! Y lo peor es que los hombres
no se dan cuenta: cuando les hablas de violencia de género, te responden que de qué
género, que también ellos sufren muchas veces la violencia de las mujeres. Yo no digo
que las mujeres no podamos ser violentas, pero ¿alguna vez un hombre, caminando
solo, ha sentido temor al cruzarse con una mujer por la calle? ¿Alguna vez un chico ha
sentido temor de ser violado por un grupo de chicas, por una manada femenina?

Hace poco escuché un discurso de Chimamanda Ngozi, la feminista nigeriana de
la que me hablaste. Cómo me gustó, tía Neus. Habla con tanta claridad, con tanta
sencillez… Es cierto que la situación no es del todo la misma en Nigeria y en España,
pero su discurso ilustra muy bien el problema del género, que no es exclusivo de
ningún país. Yo no era partidaria, ¿te acuerdas?, de utilizar la expresión “violencia de
género”, me parecía más acertado hablar de “violencia machista”, pero ahora no estoy
segura porque, como dice Chimamanda, si no existiera la distinción de géneros, si no
existieran los roles de género, la relación entre hombres y mujeres sería radicalmente
distinta. Según ella, la cultura no hace a la gente, es la gente la que hace la cultura. Y
si una cultura, la nuestra en este caso, ha establecido tradicionalmente esos roles, nada
nos impide cambiarla. Claro, que esa es una labor lenta, una labor que pasa, sobre todo,
por la formación, por la educación, ¿no te parece, tía Neus?

¿Recuerdas que en tu última carta me recomendabas el libro de Nuria Varela Feminismo
para principiantes? Pues me hice con un ejemplar y tengo que darte las gracias,
aunque casi me siento avergonzada por desconocer a tantas mujeres importantes, a
tantas mujeres combativas a quienes la historia ha pretendido silenciar. Tampoco sabía,
tía Neus, que el color violeta es el color del feminismo en el mundo entero y que la
leyenda cuenta que es en honor de las 146 mujeres que murieron en 1911 en una fábrica
textil, al no poder escapar de las llamas porque los responsables habían cerrado con
llave las puertas. ¿Eran de color violeta las telas sobre las que las obreras trabajaban?
¿Era violeta el humo que se desprendía del incendio y que envolvía la ciudad de Nueva
York? La leyenda se ha fundido con la historia, porque, sea como fuese, el color violeta forma parte ya del relato feminista. No quiero frivolizar, tía Neus, pero qué extraño es el
poder de los colores. Y qué absurdo, en ocasiones. Porque, como tantas cosas, se trata de
una construcción cultural. Desde luego, los colores no están biológicamente asociados
a ningún género; además, ¿sabías que, hasta no hace tanto tiempo, en muchos países
de Europa y de fuera de Europa, el color rosa era el que se asociaba con los chicos?
Bueno, tía Neus, que ya sabes la facilidad que tengo para irme por las ramas. Que solo
quería escribirte porque, en fechas como la del 25 de noviembre, me acuerdo mucho de
ti y de todas las cosas que me contabas antes de que te marchases, cuando me hablabas
de cómo las mujeres de tu generación luchabais por la igualdad en una época en la que
solo sugerir que las mujeres tenemos derechos era un acto de valentía, en una época en
la que pronunciar la palabra igualdad podía llevarte incluso a la cárcel. Muchas cosas
han cambiado desde entonces, pero queda todavía un largo camino por recorrer porque
el maltrato y la violencia machista siguen existiendo, las esquelas con nombre de mujer
siguen tiñendo de negro las páginas de nuestra vida cotidiana. Y, aunque, desde luego,
debemos exigir la responsabilidad penal para los agresores, todos, hombres y mujeres,
somos responsables en mayor o menor medida de la escisión de géneros. Cada vez que
justificamos el trato brusco, descortés o grosero porque es lo normal entre los chicos,
estamos contribuyendo a la segmentación. Cada vez que hacemos un regalo con el
filtro de lo que es propio de una chica o un chico, estamos contribuyendo a perpetuar
los roles de género, cada vez que miramos hacia otro lado cuando detectamos una
conducta inadecuada, estamos alimentando la violencia.

Sueño con una sociedad donde el género no sea más que una propiedad gramatical,
donde cualquier persona pueda caminar descalza, con tacones o con zapatillas sin
miedo a ser agredida, donde las mujeres no tengamos que sentir temor al tropezarnos
con un hombre o con un grupo de hombres, a cualquier hora del día o de la noche.

Porque las mujeres, tía Neus, no queremos sentirnos valientes cuando salgamos a la
calle, queremos sentirnos libres.

Un abrazo. Y espero verte pronto.

Alicia

Las ilustraciones que acompañan el texto son obra de Antonia Santolaya y forman parte del libro Feminismo para principiantes, de Nuria Varela.

Rozalén – La Puerta Violeta (YouTube)

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EL AIRE FICTICIO

alissa-monks1El calor. Maldito calor. En el recuerdo quedan los besos de aire llegados del frío. Y Sonia Fides, que siempre está ahí.

Cuando Ada se levantó continuaba siendo verano. La habitación estaba fría, pero  los árboles no dejaban de moverse bajo la dictadura de un aire ficticio que ella sabía que iba a huir en cuanto pusiera un pie en la calle. Se metió bajo la ducha. Giró la esfera de metacrilato que traería el agua y le ofreció su cara al vano de la ventana abierta. Mentira o no, sabía que aquel aire ficticio, aquel inesperado milagro gaseoso, era el  único que podía salvarla. Después volvería el calor.

Sonia Fides (Madrid, 6 de julio de 2010)

Alyssa Monks ilustra este texto con una de sus pinturas de agua, aire y belleza.

Un inesperado milagro…

Ben Harper – She’s Only Happy In The Sun.mp3

Ben Harper – Morning Yearning.mp3

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ANOCHE SOÑÉ QUE MIRABA

 M. nos envió un sueño el 13 de junio de 2010. Ese que solo podría fotografiar Robert Doisneau.

Una mirada oblicua, el sol, una sonrisa, unas piernas, una broma, un niño, Jacques Tati, la lluvia. Un beso. Robert Doisneau. Anoche, cuando las avenidas crujían como los muelles de un viejo colchón, soñé que miraba como Doisneau. Una mirada limpia y suave que recorría los adoquines mojados de las callejuelas de París con la curiosidad al galope. Las 70 imágenes de la muestra “Robert Doisneau, Pescador de Imágenes”, del Espacio para el Arte de Cajamadrid, en Zaragoza, no son harapos sucios, porque hasta la mugre se tizna de esperanza ante los ojos de este viejo tipógrafo reconvertido en fotógrafo y fabulador urbano. Sus bellezas tomando un baño de sol, sus niños aturdidos por la ensoñación del recreo, los esforzados operarios agarrando de los pechos una Venus de bronce que se resiste a andar, la cadencia de sus claroscuros, los dedos de Picasso, su nostalgia y su tristeza. Las imágenes de Doisneau son un tiovivo bajo la lluvia, un carrusel de soledad desde el que se observa el deambular extraordinario del pálpito de la ciudad. Su mirada sugiere un ejercicio sutil ante lo cotidiano, un recorrido por el alma popular, por el instante desapercibido, frente a la arrogancia de la impostura. Retrata a los ricos, a los pobres, a Simone de Beauvoir y al vendedor de fruta, siempre socarrón con su cigarrillo sobado en los labios que parece intuir que, a su espalda, dos amantes se besan, quizá en dirección a un callejón oscuro en el que llevarán a las manos el nervio de su pasión. Así es Doisneau, cazador de emociones en un mundo vulgar y desgraciado del que consigue destilar ironía y literatura. Por eso anoche soñé que miraba como Doisneau. Y cerré los ojos.

La exposición “Robert Doisneau, pescador de imágenes” se abrió al público el pasado 8 de junio en el Espacio para el Arte de Cajamadrid, en Zaragoza. Se puede visitar hasta el 27 de julio. Sobre estas líneas, “El beso de l’Hotel de Ville”.

Mira…

Charles Trénet – Douce France.mp3

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DOMINGO

Pablo Díaz visitó esta caja con el tiempo enganchado en el pelo el 29 de abril de 2010. Nos presentó un domingo apresurado, articulado y fugaz. Bello. Tierno. Plácido.

Domingo. Siete treinta. Mensaje: Ven a casa. Él.

Ducha. Pelo recogido. Gel de frutas. Ph neutro. Body milk. Crema hidratante. Reafirmante. Antiarrugas. Antitiempo. Pintalabios rojo: no. Lápiz de ojos. Sombra. Maquillaje casual. ¿Cómo si no? Maquillaje natural. Perfume. Eso sí. Perfume. Bragas. Pantalón. Sujetador. Blusa.

Calle. Ruido. Gente. Gente de compras. Tráfico. Semáforo. Taxi. Cuero. Huele a cuero. Al arrabal. Gente (en silencio). Estanco: pare. Marlboro. Siga. Edificios (en silencio). Niños. Eso sí. Niños. Aquí. Cinco veinte. Cobra. Portal. Bolso: no hay. Calle. Bar. Baño. Condón. Bar. Calle. Portal. Ascensor. Quinto C. Timbre.

Hola. Hola. Pasa. Beso. Beso. Beso. ¿Cerveza? No. Beso. Beso. Manos. Piel. Saliva. Cama. Pantalón. Camisa. Blusa. Pantalón. Sujetador. Beso. Bragas. Beso. Calzoncillos. Beso. Beso. Polla. Boca. Polla. Boca. Coño. Dedo. Coño. Dedos.

Condón. Polla.

Coño. Polla. Coño. Polla. Coño. Orgasmo. Beso. Cigarro. ¿Sabes? No. Silencio. ¿Quieres? No. Silencio. Pantalón Sujetador. Blusa. Beso. Adiós. Beso. Ascensor. Portal. Calle. Semáforo. Taxi.

Edificios (en silencio). Pensamiento: polvo articulado. Gente (en silencio). Niños. Eso sí. Niños.

La sensualidad del neoyorquino Jonathan Leder nos invita a jugar con la piel y con el aire.

¿Quieres?

Us3 – Cantaloop.mp3

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TRUCOS FÁCILES PARA DÍAS DUROS*

Este relato de vida y maquillaje lo escribió Sonia Fides y se publicó en La habitación de Klaus el 17 de abril de 2010.

A Violeta Villa, amiga del alma que me enseñó la importancia de los estados líquidos

Creer en el manido testamento que nos ha dejado la historia de la humanidad respecto a las capacidades de determinado oficios, nunca fue el fuerte de Clara. Aquellas frases hechas que defendían la legitimidad pedagógica de algunos de ellos la molestaban sobremanera, pero aún así, soportaba con estoicismo los alardes de aquellos camareros que a primera hora de la mañana jugaban a ser adivinos y diagnosticaban a que se debían sus ojeras o esos pequeños surcos, que tras una mala postura sobre la almohada, convertían su rostro en algo similar a un campo recién labrado.

— ¿Qué señorita, Clara, anoche tuvimos fiesta, no? Y no me diga que no, que está usted esta mañana pa’ que le cante “La lirio”, menudas ojeritas.

Esa era la expresión que más odiaba, ser el personaje de una de esas coplas representaba para ella, un doble motivo de disgusto. Primero porque hacía años que no realizaba ejercicios que tuvieran que ver ni con las emociones, ni con el amor, ni con nada que estuviera directamente relacionado con el corazón y segundo porque llevaba muchos años utilizando esa víscera única y exclusivamente para mantenerse viva, y estaba muy a gusto en su nuevo papel.

Pero a veces, incluso las buenas actrices, son incapaces de enfrentarse a un papel y acaban resultando sobreactuadas incluso para sus más incondicionales fans. Y eso era precisamente lo que aquel día le deparaba a Clara. Tenía una importante comida, un reencuentro con sus mejores amigas del colegio. Hacía más de veinticinco años que no se veían y aunque quiso recuperar a aquella Clara de los días de colegio, al ponerse frente al espejo supo que no podía permitírselo. Se quedó un rato frente a aquel potro de tortura en que se había convertido aquella lámina hasta hacía poco inofensiva y ensayó alguno de sus nuevos gestos. Después comenzó a arreglarse. Se pondría algo sencillo, elegante y sobrio, nada de colores chillones cerca de la recién estrenada flacidez de su cuello. El maquillaje también sería comedido, una base de maquillaje que disimulara sus incipientes arrugas, un poco de rimel y algo de colorete para obligar al negro a no convertirla en algo parecido a una embalsamadora de tercera regional. Cuando iba a empezar a maquillarse se dio cuenta de que se había quedado sin rimel, pensó que tampoco sería un drama el no maquillarse la pestañas, ella tenía unos ojos lo suficiente bonitos como para no necesitar ese película grumosa y negra sobre sus pestañas, pero después de treinta años aplicándose aquel mejunje día tras día, su ausencia la hacía sentirse todavía más insegura de lo que ya lo estaba. Miró el reloj y se dio cuenta de que su extraordinaria puntualidad le permitiría acercarse hasta el mostrador de aquella firma cosmética que le otorgaba una vida altamente chic a sus pestañas a comprar un nuevo envase. Se quitó el pijama, metió sus largas piernas en unos vaqueros y se puso un jersey, cogió las llaves, el envase vacío, y se dirigió hacía los grandes almacenes que estaban al lado de su casa. Al entrar notó que habían hecho remodelaciones en la planta baja de aquel edificio, cosa que no le gustó lo más mínimo. Los cambios y Clara eran enemigos acérrimos. Se acercó a una dependienta para preguntarle dónde podía encontrar lo que andaba buscando.

— Segunda planta, al final del pasillo, justamente al lado de los ascensores.

Pensó en salir, aquel pequeño e inesperado cambio trajo consigo un mal presentimiento, no obstante llamó al ascensor y subió. No le costó demasiado encontrar el stand. Un señorita muy sonriente, se ofreció a ayudarla previa impostada sonrisa.

— Usted me dirá en qué puedo ayudarla.

Clara le mostró el recipiente y la dependienta fue girándolo hasta leer la totalidad de las letras.

— Lo siento mucho, pero de éste no nos queda en este momento. Está agotado en todas nuestras tiendas. El otro día se le ocurrió a una actriz de televisión decir que era el que ella utilizaba y hordas de señoras acabaron con el stock en menos de media hora.¿ Puedo ofrecerle algún otro?

No, claro que no podía, pero no dejó ver su descontento. Se limitó a guardar silencio durante un instante mientras pensaba. Podría ir hasta otro centro, pero aquella mujer había dejado bien claro que estaba agotado en cualquier establecimiento. ¿Qué podía hacer?

— Perdone que insista, pero es que ahora que me acuerdo, tengo un tubo exactamente igual al suyo como muestra para las clientas. Igual si no le importa podría venderle ese.

Clara continuó callada, mientras imaginaba sus ojos infectados por enfermedades relacionadas con la vista. A saber quién habría probado aquel ungüento. Ni hablar, prefería irse sin pintar.

— Por cierto, se me ocurre otra idea, por qué no se lleva usted el mismo que tiene ahora en sus manos pero waterproof. Ahora que lo pienso, sería la mejor solución, es exactamente igual, la misma cantidad, el mismo color, sólo que incluye la posibilidad de resistir el agua. Nunca sabemos si nos van a tirar a una piscina, si va a caer un diluvio en el momento de salir de un restaurante o sí de manera inesperada alguien nos hará llorar. Ya sabe mujer prevenida vale por dos.

Clara no se inmutó aunque aquel refrán ridículo la colocó en un lugar incómodo, tanto que estuvo tentada de perder las formas y decirle a aquella señorita que ella no era ni la reencarnación de Esther Williams ni la versión chic de una plañidera de Lorca. Aún así guardó silencio.

— Pues usted dirá porque se me acaban las opciones. Si quiere pensarlo durante un rato por aquí estaré.

No tenía mucho tiempo para pensar, así que aceptó la oferta. Pagó, recogió la minúscula bolsita que le entregó la dependienta y avanzó con paso acelerado hasta su casa. Se le había echado el tiempo encima.

Nada más llegar, acabó de vestirse. Después empezó a maquillarse. El maquillaje y el colorete distribuidos sin esa atención que es necesaria emplear sobre los territorios desconocidos, el rimel en cambio lo fue aplicando con si de un cuidadoso ritual se tratase. Se aplicó la primera capa con la incredulidad que siempre lleva implícita lo nuevo. Se sentía ridícula, no era más un tubo de mascara para pestañas, pero ella se empeñaba en distribuirlo ellas como si se tratara de un material peligroso y nocivo. Se miró al espejo y suspiró, comprobar que este nuevo producto no tenía diferencia alguna con el anterior supuso una estúpida liberación si teníamos en cuenta la naturaleza de su pesar. Se aplicó una nueva capa y otra y otra, tantas como necesitó hasta que sus ojos fueron los de siempre. En unos segundos estaría lista para salir. Llamó a un taxi y esperó a que el taxista pulsara el botón del portero automático. Estaba nerviosa, encendió un cigarrillo y se sentó a ojear las últimas fotos en las que compartía escena con sus compañeras. Mientras llegó el taxi.

Durante el trayecto, le costó creerse aquel reencuentro. Sus amigas del alma, sentadas a la misma mesa, muchos años después. Se emocionó al pensarlo y al sentir esa emoción se apresuró a mirarse en el espejo retrovisor, quería comprobar que aquella sensación no había quedado marcada en su cara. No estaba. Le encantó constatarlo y mandar así al traste aquellas estúpidas teorías acerca de su humanidad que cada mañana elucubraba aquel camarero al mirarla a la cara.

Cuando el taxista le advirtió de que habían llegado al lugar que previamente ella le había indicado, pudo ver a sus amigas apostadas delante de la puerta de aquel restaurante americano en el que habían quedado. Pensó en irse, la emoción había ocupado por completo su metro setenta de estatura, pero pago y abrió la puerta del coche. Notó que sus pestañas empezaban a humedecerse, pero por primera vez en mucho tiempo no tuvo miedo de llorar en público, llevaba protección. Se subió el cuello del abrigo, pestañeó, pero no como un signo de coquetería sino como un gesto para cerciorarse que su máscara de pestañas waterproff seguía en su justo lugar. Lo notó firme, aún intacto y empezó a andar.

Quique González

Sonia Fides (Madrid, 29 de marzo de 2010)

Las imágenes que acompañan este hermoso relato son obra de la fotógrafa canadiense Marianna Rothen, con su suave sensualidad vintage.

Quique González – Bajo La Lluvia (YouTube)

Quique González – Aunque tú no lo sepas (YouTube)

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UN RELATO EN LA HABITACIÓN

El 18 de abril de 2010, el Sastre avisó de que Sonia Fides retornaba con un nuevo relato en La habitación de Klaus.

Tranquila y relajada, con un poco de rímel en las pestañas, La habitación de Klaus retorna con un hermoso relato de nuestra adorada Sonia Fides titulado ‘Trucos fáciles para días duros’. Se trata de suave suspiro de ambición y pérdida, de inseguridad cosechada con las horas y los días, de reencuentros, de retornos y de viejos fantasmas. Pero no solo de cuentos vive Klaus, aunque sean tan bellos como este. Junto a las palabras de Sonia Fides deambulan, por ejemplo, las deliciosas imágenes de los gemelos Stephen y Timothy Quay, los Quay Brothers, que nos muestran su obra ‘The Calligrapher’. El quehacer hipnótico se lo lleva el videoartista francés François Vogel, con los espectaculares marabarismos ópticos de ‘Cuisine’. Lo que da de sí una vulgar cocina… Con los acordes de Prokofiev, el sorprendente Georges Schwizgebel nos deslumbra con ‘Jeu’, una animación juguetona y mágica de sorprendente originalidad. Por último, La habitación de Klaus esboza una sonrisa irónica y retro con ‘Pixel’, de Patrick Jean. Bueno, os dejo con Sonia y con todo lo demás. Que lo disfrutéis. Besos y hasta la próxima.

Sonia Fides me recuerda, no lo puedo evitar, a la belleza sofisticada de las fotografías de Miles Aldridge.

Maquíllate…

Bigott – She’s my man (YouTube)

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EN LA CELDA DE AL LADO

Coleguita retornó a la vieja Caja el 25 de marzo de 2010. Estaba en el trullo, en la celda de al lado de otro viejo conocido.

Se lo he dicho bien clarito a la hora del almuerzo. Tú fíjate en Pepe Carvalho, lo que le pasa con el Martini. Dice: “No existe el Martini perfecto, o nunca te lo sirven en un bar. Todo Martini tiene ese punto artesano y casero que le deja a uno insatisfecho. Y la insatisfacción lleva a pedir otro, y otro, y otro”. Mírame a mí (le decía) con la primera bola de costo ya me escocía el ojete, pero yo erre que erre, me metía otra y otra. Hasta doscientos gramos me trincaron. Es lo que tiene la insatisfacción. A ti te ocurre con las palabras, Amadeo, se te quedan para dentro como si te las tragases, y eso genera mala hostia. Y esa mala hostia quita el habla. Y así y así. Lo siento compañero pero creo que lo tuyo es un claro caso de insatisfacción galopante. ¿Te masturbas?

Amadeo está solo en la celda de al lado, callado como siempre. Mi compañero es un negro cachas que me quiere rajar lo pantalones y subirme las bolas de costo hasta la garganta esta noche. He pedido el cambio de celda, no sé cuánto podré resistir. Espero que no le importe a Amadeo que me metan con él, al fin y al cabo estamos en la misma caja…

Al fotógrafo alemán Jürgen Chill no le basta con contemplar la vida a ras de suelo. Prefiere la visión cenital, como en su serie “Zellen”, en la que retrata celdas de diversas cárceles alemanas desde el mismísimo techo.

Insatisfacción…

Cicciolina – Satisfaction (YouTube)

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EL PEQUEÑO TEATRO DE ANTONIA

Hace ya unos años, Antonia Santolaya pasó por Zaragoza para presentar en El pequeño teatro de los libros, una librería ya desaparecida, sus últimos trabajos para la editorial Hotel Papel. Esto publicó la vieja Caja el 7 de marzo de 2010.

Conversación escuchada por casualidad en el autobús de línea al Hotel Papel, donde la palabra saca a las cosas de su silencio y los ojos de los niños son de color caramelo.

-¿Es rubia o morena?

-Uhmmm… tiene el pelo de color fresa… no, no, no, naranja… no, no, no, violeta… uhmmm… no sé…

-¿Es alta o baja?

-Uhmmm… es muuuuuuuy alta…. no, no, no, es muuuuuuuy pequeña…. no, no, no, es como… uhmmm… no sé…

-¿Es gorda o flaca?

-Uhmmm… es como un gran globo… no, no, no, es como un hilo de alambre… no, no, no, como la cúpula de una iglesia… uhmmm…  no sé…

-¿De qué color son sus ojos?

-Uhmmm… son negros como un túnel… no, no, no, son verdes como algas… no, no, no, de color caramelo… uhmmm… no sé…

-¿Es joven o mayor?

-Uhmmm… es una niña muuuuuuuy pequeña… no, no, no, es una niña muuuuuuuy anciana… uhmmm, no sé…

-¿Sabes dónde vive?

-Uhmmm… en París… no, no, no, vive en Argelia… no, no, no, en la India… no, no, no, vive… uhmmm… no sé…

-¿Sabes cómo se llama?

– Pues claro, se llama Antonia Santolaya.

-¿Tú has visto sus dibujos?

-Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii.

-¿Te gustan?

-Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii.

-¿Y cuándo viene a Zaragoza?

-El 12 de marzo, que es viernes, a las ocho de la tarde.

-¿A qué viene?

-A divertirse en el Pequeño Teatro de los Libros, que está en la calle Silvestre Pérez, 21, en el barrio de Las Fuentes.

-¿Tú vas a ir?

-¡Vaya pregunta! ¡Claro!

La ilustradora Antonia Santolaya que, según testimonios fiables, tiene varias cabezas, un puñado de ojos, pies grandes y pequeños, personalidad múltiple y residencia en distintos lugares, vino a Zaragoza a presentar sus dos últimos trabajos para la editorial HotelPapel: María Zambrano. La música de la Luz (con textos de Luisa Antolín) y Nico y el bebé estrella (con textos de Susana Gómez Redondo). La ilustración que acompaña estas líneas es de esta última obra. La caja de los hilos estuvo allí, claro.

Sueña…

The Beatles – Blackbird (Youtube)

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LES DIRÉ

El 25 de febrero de 2010, Amadeo Martillo tomó una decisión determinante que cambió su vida para siempre.

El volante de piel de tigre se agarra a las manos y no las quiere soltar. Los policías no tardarán en llegar y entre luces parpadeantes me dirán que salga del coche y me preguntarán quién soy y qué hago aquí. Les diré que soy Amadeo Martillo, hombre, taxista, casado, viejo, calvo, borracho, loco, triste, solo. Les diré que soy un hijo de la gran puta. Y me preguntarán qué ha pasado. Y les diré que noté la navaja en el cuello, una gota de sangre, las sienes sudadas, los párpados rojos, el palpitar de la nuca, el dolor en la tripa. Les diré que gritó, que le di la caja, que le miré despacio, que respiré hondo, que no dije nada, que el sol hacía horas que se había marchado y que la noche dio un paso atrás, que los aviones parecían estrellas azules y que no veía bien. Les diré que salió corriendo hacia la parca, que yo cogí la pistola de la guantera, que me dolían las piernas, que se me había acabado la ginebra y que hacía tres días que no dormía. Les diré que echaba de menos a Carol. Les diré que cayó muy rápido, que su cabeza estalló en la acera, que la sangre era negra, que las monedas bailaron sobre los adoquines, pero no sonaron, y que cerca estaba la tierra y las hojas. Les diré que no lo siento. Les daré el arma, escupiré en el suelo, les acercaré las muñecas, me colocarán las esposas y escupiré otra vez.

El tintineo de las luces de la policía se balancea sobre mis pupilas. A lo lejos suenan las ambulancias. Pido permiso para fumar mientras fantaseo con el tacto de las rejas. El taxi se queda solo, con las puertas abiertas. Empieza a llover.

Nota de los tres carretes sin hilo: Amadeo Martillo permanece en la cárcel de Zuera a la espera de juicio. El fiscal solicita 12 años de prisión para él.

Saul Leiter, el fotógrafo del color en los años 50. La lluvia tras un cristal y una mirada esquiva escondida en la acera. Clic.

The Black Keys – Lonely Boy.mp3

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