DESDE MI VENTANA

El 3 de noviembre de 2009, La habitación de Klaus publicó este cuento de Tomás Lobo que indaga en el sabor metálico del dolor y la muerte.

Los niños juegan con cartones y palos, mientras sus madres beben café en la terraza del bar de la esquina. Tienen las caras pintadas de colores y se persiguen saltando sobre imaginarios charcos de barro. Desde mi ventana, el polvo que levantan parece un escondite nebuloso que los convierte en pequeños duendes nerviosos y burlones en esta tarde gélida de diciembre. Me gusta ese escondite. Parece que no hace frío allí. El café me quema en las manos.

Carlos regresó ayer. Al observar el vaivén de la arena entre las piernas de los críos recuerdo su pelo ondulado y ceniciento, sus labios gruesos, sus ojos verdes y sus manos grandes y dominantes, siempre en movimiento. Hace un año que se marchó a Londres e insistió mucho en que no le llamara, que no soportaba la idea de que alguien le estuviera esperando. No me dejó ni un teléfono ni una dirección. Prefería darse tiempo para añorarme y, en cuanto volviera a casa, abrazarme como si solo hubiese estado fuera unas horas. No tener noticias de él me devastó por dentro. Cuando no podía más, me marchaba a esos garitos que tanto odiaba Carlos y en los que me consolaba dándome unos besos con cualquiera. O me dejaba tocar en algún callejón, llorando hasta la llegada del autobús. Si Carlos me hubiera visto, no me lo hubiera perdonado. Al final, regresaba a casa, borracho y loco, y le escribía una carta. Después la quemaba. Y volvía a escribir otra.

Lo conocí a través de mi amiga Clara, que estudió con él y me dijo que podía darme clases de inglés. Mi padre siempre me repetía que tenía que aprender inglés para ser un hombre de provecho. Quedamos en un bar del centro antes de la primera clase para conocernos y tras dos minutos de charla ya fantaseaba con el olor de su cuello en mi almohada. Una tarde, en su casa, le rocé el dorso de la mano y él la retiró. Entonces le besé.

Carlos era un hombre ordenado y estudioso, muy serio y tan tímido que a veces resultaba irritante. Su padre era general de división y su madre, profesora de matemáticas. Decía que jamás nadie podía saber que estábamos juntos, porque a sus padres les rompería el corazón. No le gustaba hablar demasiado y a veces pasábamos muchas horas en silencio, observándonos o acariciándonos. No fumaba, ni le gustaban los bares que yo frecuentaba y solo bebía té rojo y ginger ale cuando salíamos juntos. A veces le bastaba un vaso de agua. Se había doctorado en Químicas y su sueño era viajar a Londres con una beca de investigación. Al final lo consiguió. Yo era el único chico con el que había estado. Tenía 27 años.

Hace una semana, Carlos me llamó para anunciarme que regresaba a casa. Me pidió que le fuera a recoger al aeropuerto. Llegué a la terminal a eso de las seis, un par de horas antes de que aterrizara el avión. Esperé de pie, tratando de ensayar lo que le diría al verlo. Cuando apareció, quise gritar, pero me contuve. Me reconoció enseguida y se acercó a mí. Me dijo hola, me dio un abrazo y me dejó una de las maletas. Carlos nunca me besaba en público. Nos fuimos hacia el coche, sin comentar nada. “Me alegro de verte, pero prefiero hablar luego”, soltó para interrumpir cualquier amago de conversación por mi parte.
Había dejado la calefacción de casa encendida para que cuando llegara se sintiera cómodo. Ayer hacía casi tanto frío como hoy. Ya era de noche. “Tengo que decirte algo”, murmuró mientras yo preparaba café en la cocina. Me senté y lo miré con atención. Me fijé en que estaba más delgado. El perfil de sus labios resaltaba más aún si cabe sobre sus mandíbulas angulosas y fúnebres y los huesos de los hombros parecían estar a punto de dislocarse. “Hace dos meses me diagnosticaron un cáncer de páncreas en una clínica de Londres. Está muy avanzado. He venido a casa para empezar la quimioterapia”, afirmó. Me tomé la noticia como si me hubiera dicho que tenía un catarro, que iba a estar unos días en la cama y que no podríamos vernos mientras tanto. Le dije que seguro que el próximo verano estaría recuperado y que haríamos un viaje, que le llevaría a algún hotel bonito de un país extranjero o que iríamos a la montaña. Le prometí que cocinaría para él, que nos pasaríamos semanas en silencio y bebiendo té, como a él le gustaba. “Me voy a morir. Y me voy a morir pronto”, me cortó. Carlos sonrió un poco. Me quedé callado. Quise decirle que estaría con él siempre, que lucharíamos juntos, que saldría adelante, que no debía rendirse, que hoy en día la ciencia ha avanzado mucho. Pero la garganta se me contrajo hasta la asfixia y no dije nada. Lo abracé. Lo besé en los labios. Perdí la fuerza de mis piernas y me fui poco a poco al suelo, llorando, deseando morir. Él se tumbó junto a mí y me acarició el pelo. Tras unos minutos sin hablar, empezó a cantar una canción en inglés que yo no podía entender. Siempre me cantaba canciones en inglés.

Hace unos minutos me ha llamado Clara. Me ha dicho que Carlos ha cogido la pistola de su padre y se ha metido un tiro en la boca. Lo encontró su madre a eso de las once de la mañana, cuando regresó a casa después de hacer unos recados. Estaba desnudo, sobre la cama. En la mesilla había un libro de Bergson, unos discos y algunas fotos. En dos o tres de ellas salía yo. Lo siento, me dijo Clara.

Empieza a hacer frío, pero no puedo apartarme de la ventana. El café está helado. Los cartones y los palos han quedado sobre la acera. Los niños ya se han marchado a casa y el silencio parece oxidarse con la llegada de la niebla. Casi no pasan coches por la calle. El sol se abraza a la bruma y me doy cuenta de que he dejado de llorar. El polvo no acaba de posarse. Y yo no puedo dejar de mirarlo.

Chen Wei es un fotógrafo chino que construye un mundo extraño en el que algo quedó roto en una esquina entre el polvo, la niebla y el olvido.

Ola Podrida – Staying In.mp3

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UN RELATO EN LA HABITACIÓN

El 3 de noviembre de 2009, el Sastre advirtió en la vieja Caja de la publicación de un nuevo relato en La habitación de Klaus. Fue cosa de Tomás Lobo.

La habitación de Klaus, después de un largo descanso, regresa con un relato de Tomás Lobo marcado por la desolación de la pérdida. En ocho tiempos diferenciados, “Desde mi ventana” deambula por la tragedia amorosa a ritmo suave, dejándose llevar por un escenario de frío y dolor en que los rescoldos de la pasión no acaban de apagarse. Pero La habitación de Klaus no solo ha incorporado el cuento de uno de nuestros colaboradores habituales. Como la cosa va de amor, en su página principal podréis disfrutar de cuatro cortometrajes en los que el humor y el drama conviven mientras palpita el corazón. El primero es el multipremiado “Diez minutos”, de Alberto Ruiz Rojo. Cuenta la historia de una persona que llama al servicio de atención al cliente de su teléfono móvil para solicitar una información, de ello depende que pueda recuperar a su chica. Pero la frialdad de los servicios de información telefónica complica las cosas. Otro es el maravilloso “18 segundos”, dirigido por Bruno Zacharias y McGregor. Descubre la importancia de contar el tiempo y de cómo es posible que una ligera variación puede cambiarlo todo. “Préstamos” es el último cortometraje de Pilar Gutiérrez Aguado y se pudo ver en la primera sesión de Proyectaragón (hoy, a las 19.30, podréis ver la tercera). Humor y pasión en un escenario futurista y surreal, en el que un vale de amor cuesta más de lo que parece. El último corto es “Microfísica”. Producido por Toni Verd y dirigido por Joan Carles Martorell, es un maravilloso y conmovedor recorrido íntimo por el fracaso amoroso. Bueno, lo dicho, disfrutad de La habitación de Klaus y nos vemos (nos leemos) muy pronto.

El óleo que ilustra este artículo es del pintor hiperrealista estadounidense Damian Loeb. Su título es “Rear Window”.

Amor…

John Lennon – Oh My Love.mp3

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BALADA PARA UN GAS NOBLE

Sonia Fides nos envió el 26 de octubre de 2009 un microcuento de luz, color y autopistas. Te queremos, Sonia.

Ella circulaba por la autopista en la dirección correcta.

Le resultó imposible desobedecer la machacona perorata de su GPS.

Poco a poco fue descubriendo que las luces de los faros de los demás coches habían cambiado de color y que el amarillo dejaba paso a ese día imaginario que le proporcionaba a la carretera el azul casi histérico de las luces de xenón.

Sin embargo en cuanto se quedó sola de nuevo, supo que a pesar de los adelantos en el sector de la automoción, la oscuridad siempre encontraría lugares desde los que defender su status quo.

Sonia Fides (Madrid, 23 de octubre de 2009)

Nuestra devoción por ese genio llamado Miles Aldrigde nunca será lo suficientemente grande. Él es quien acompaña a Sonia en este relato.

Luces…

Portishead – Roads.mp3

Portishead – Glory Box.mp3

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PROYECTARAGÓN 2009

Vicky Calavia nos envió el 19 de octubre de 2009 el programa de la III muestra Proyectaragón, que se desarrolló en Zaragoza, Graus (Huesca) y Andorra (Teruel).

Proyectaragón, muestra Audiovisual Aragonesa, inicia su tercera edición con energías renovadas y con la confianza puesta en el cine hecho y producido por realizadores de esta comunidad que nos ofrecen su propia visión del mundo en un puzle de miradas críticas, lúcidas, tiernas, descarnadas, con un toque de humor, o de amor; de miradas adolescentes, femeninas, vagabundas, viajeras; de miradas al paisaje, la calle o las aulas; mudas, alternativas, animadas… miradas surreales, de voz, polvo, niebla, cierzo y sol.

Miradas que van también más allá de nuestro territorio y ponen su acento este año en la comunidad vecina, Cataluña, para traer los Intercambios que nos brinda uno de los festivales más prestigiosos de vídeo y nuevas tendencias de la imagen a nivel internacional, L’Alternativa, que celebra ya su 16ª edición.

De Barcelona y Gerona vienen también los componentes de la compañía Playmodes para representar en el Centro de Historia el espectáculo interdisciplinar Reflexus, que definen “como una mezcla de experimentación tecnológica con palabra, gesto y movimiento, una nueva forma de experiencia poética”.

Como poéticas y arriesgadas son las piezas englobadas en Instantes de Paisaje (concurso anual convocado por el CDAN) y Almargen que insisten en la vocación de esta muestra por exhibir obras de autores que transitan por los siempre difíciles, pero apasionantes, senderos de la investigación visual, sonora y conceptual.

La memoria y la reivindicación histórica, social y política en formato documental es otro de los platos fuertes del programa. Narrada en muchas ocasiones por voces femeninas críticas, delante o detrás de la cámara. Y dejándonos una huella imborrable en los testimonios de emigrantes a París, Guinea o USA, de arriesgadas escaladoras, o de mujeres que siguen luchando por sus derechos desde la guerra civil española hasta el Guatemala actual.

La educación a través del cine y la formación son también dos aspectos básicos que queremos resaltar a través de los trabajos realizados en el Espacio Documental de la Fundación CAI-ASC y en el Festival Cine y Salud. Algunos de los cuales evocan al insigne pionero del cine de animación, turolense para más señas, Segundo de Chomón, que será homenajeado dentro del espacio dedicado a las Jornadas de Cine Mudo de Uncastillo, con música en directo interpretada por Ignacio Alfayé.

Unas señas de identidad que continúan su estela con la voz a cuestas de José Antonio Labordeta, la voz al viento de Amaral y el peregrinaje del hijo primogénito de Buñuel en pos del último guión de su padre.

Desde la organización y el Servicio Cultural CAI queremos dar la bienvenida a nuestros nuevos compañeros de viaje, el Ayuntamiento de Zaragoza, deseando que sea una larga y feliz relación, así como seguir agradeciendo el apoyo de Aragón Televisión, Bodegas Almau y todas las entidades, festivales, muestras y personas que los representan y que colaboran con nosotros año tras año con toda su ilusión y su generosidad.

Y destacar muy especialmente nuestra inmensa gratitud a los autores, sin los que obviamente no sería posible esta muestra, ni el cine que lo sustenta, y que tanto en momentos de bonanza como de dificultad comparten con nosotros sus visiones en blanco y negro o en color de la realidad y sus sueños.

Finalmente deseamos dedicar esta III Edición de Proyectaragón a Alberto Sánchez, un hombre de cine en el más amplio sentido de la palabra, que nos ha dejado su presencia constante y para quien siempre hay y habrá una butaca reservada en la sala.

Javier Jaén, autor de la imagen que acompaña este artículo, es un diseñador e ilustrador que muestra un mundo en el que nada es lo que parece.

Mira…

Wilco – A Shot In The Arm.mp3

Wilco – How To Fight Loneliness.mp3

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ADIÓS, ROLANDO

El 11 de octubre de 2009, en la vieja Caja, nos despedíamos de ese gran ser humano que fue Rolando Mix.

Hace un par de semanas nos dejó Rolando Mix, poeta chileno residente en Zaragoza desde hace más de 25 años y que siempre nos conmovió con su compromiso y su amor a la palabra. Perseguido en su país natal por el régimen corrupto y asesino de Pinochet, Mix recaló en Alemania y, después, en España donde pudo proseguir con su obra poética. Alicia Lázuli pudo disfrutar de la participación de Rolando en la muestra Zaragoza Rebelde. “Comenzó leyendo unos poemas un escritor chileno que seguro que tú conocerás, Rolando Mix. No sabría decirte si temblaba más el papel que llevaba en las manos o cada uno de los que lo escuchábamos. Habló de ideas, de cárcel y de exilio. También habló de muros y esperanza, de economía, de vida cotidiana…”. Apasionado del lenguaje y la libertad, Rolando Mix se marchó el 24 de septiembre a los 78 años. Aquí os dejo su último poema:

La tierra es un planeta redondo
como la barriga de la Naturaleza.
Gira, viaja, al igual que quienes lo habitan.
La historia va veloz dejando atrás viejas épocas
hay que habitar esta enorme casa, este planeta
que sea hogar de todo ser humano.
Venga de allí o de allá más que un vecino es un hermano

La fotografía es de Mariano Alfonso.

Gracias también a ti, negra…

Mercedes Sosa – Gracias a la vida (YouTube)

Mercedes Sosa – Todo cambia (YouTube)

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DE VUELTA CON EL CUADERNO

El 23 de septiembre de 2009, Alicia Lázuli se volvió dibujante. Esta fue su experiencia cuaderno en mano.

El Sastre me ha dicho que mis crónicas son un disparate, que la gente quiere actualidad, que a nadie le interesa lo que ocurrió hace ya dos semanas y en Jaca. Pero yo soy lenta. Y además, con suerte, tendrá que pasar un año hasta que algo parecido vuelva a suceder, así que aquí estoy, de vuelta con el cuaderno, demasiado pronto.

Me enteré porque Damián envió un correo recomendando un curso que ofrecía la Universidad de Zaragoza y me pareció buena idea poner fin al verano con un ejercicio literario. Aunque salí de la Residencia Universitaria con tiempo más que suficiente, llegué al Palacio de Congresos –por esa extraña relación que a menudo mantengo con el espacio- cuando ya la directora del Curso, Clara Marta (una loca de los cuadernos que da clases en la Escuela Superior de diseño en Zaragoza) había comenzado la presentación. Me violentó mucho comprobar que todo el mundo se dedicaba a hacer dibujitos mientras ella hablaba y pensé que por muy aburridas que fueran sus palabras no estaba justificada esa generalizada falta de respeto. Cuando Eduardo Salavisa comenzó su conferencia en portugués –apoyado por Marguerida, una mujer fantástica que intervenía cuando había alguna dificultad con el idioma- yo ya intuía que algo no estaba claro. Cuando Antonia Santolaya acabó su discurso ya estaba cautivada y era evidente que una vez más me había equivocado, que aquellas no eran unas jornadas literarias y que estaba rodeada de más de sesenta chalados que no habían ido a Jaca para escribir relatos, sino para dibujar la realidad en sus cuadernos de viaje.

jaca6Los talleres programados para la tarde no iban, por tanto, a consistir en escribir historias a base de figuras retóricas sino en pasear por la ciudad capitaneados por dos de los conferenciantes, dibujando esquinas, edificios, personas o avenidas en la libreta numerada que Choni, una artista de la encuadernación, había construido para cada uno de los participantes. Yo estaba aterrorizada porque lo más aproximado a un dibujo que había hecho en mi vida eran los garabatos en la arena con mi hermano Fede cuando íbamos de vacaciones a Torredembarra. Tuve que echar mano del truco de la cerveza para quitarme de encima la vergüenza. A la tercera caña dibujaba con toda naturalidad al camarero que, al sentirse observado, comenzó a medir sus movimientos como si yo tuviese realmente el poder de inmortalizarlo en el papel y quisiera mostrar su mejor pose. Fue muy emocionante.

Los dos días siguientes actuaron el resto de los artistas invitados: Simonetta Capecchi, Lapin, Enrique Flores y Gabriel Campanario. Impresionantes todos.

Me fascinaron los cuadernos que Severino Pallaruelo confecciona con los bolsos destrozados de su esposa. Celebré el error que me había llevado a estas jornadas, aunque me sintiera como el patito feo porque no sólo los conferenciantes eran buenos, también los matriculados en el curso dibujaban de muerte.

jaca1Y si las conferencias y talleres resultaron apasionantes, las noches fueron el broche mágico. Nos reuníamos acabada la cena –que parecía una concentración de psicópatas del lápiz y de la acuarela- en la terraza interior de un bar que hizo de sede tanto como el Palacio de Congresos. Recuerdo a una chavalita rubia con cara de no haber roto un plato en su vida que nos tumbó a todos ya la primera noche. No hay que fiarse nunca de las caritas de ángel. Al trío de murcianos, a Agnes y J., a Beatriz, a Helena la preñada y a la otra loca que se colgaba los cuadernos de la oreja. Recuerdo a Javier de Almería, al de Logroño -que el primer día ya se había ventilado la libreta-, a Edurne la arquitecta, a Encarnación. Recuerdo a Carolina y a su novio, a Toño el largo (y digo largo no sólo por su ingenio, que le quedaban cortas de manga las camisas), al de Alcañiz, a Jonathan, a su joven amigo, a Lapinette… Recuerdo a tanta gente que no es posible dedicarles a todos una frase, porque me pasaría con mucho de los tres mil caracteres que acepta como máximo el Sastre.

Después de esta experiencia inolvidable, tengo que escribir a mi tía Neus porque he decidido matricularme en la academia Cañada y voy a unirme al colectivo Urban Sketchers del que nos habló Campanario. En las próximas jornadas el patito feo se habrá convertido en el cisne de la acuarela, ya veréis…

Gabriel Campanario retrata una calle Mayor de Jaca salpicada de dibujantes callejeros, mientras que Eduardo Salavisa busca la naturalidad agreste y sin trucos de la ilustración auténtica. Los pendientes son obra de Helena Santolaya.

A otra cosa..

The New Pornographers – Streets Of Fire.mp3

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SABER DECIR

OjosTPEl 21 de septiembre de 2009, Tomás Lobo nos regaló un cuento de amor, ahora que llega el otoño y su inevitable melancolía.

R se apoyó en el quicio de la puerta, en silencio, observándola con un cierto rubor en las mejillas. P no sabía si invitarle a entrar o no. Habían hablado toda la noche, parecía que se gustaban. “No dices nada”, dijo P. “No quiero que nada de lo que diga cambie la emoción de esos ojos con los que me estás mirando”, respondió. Y volvió al silencio. R pensó que acababa de decir la última chorrada antes de escuchar un compasivo “buenas noches, ya nos veremos”. Pero no fue así. “Es precioso lo que me acabas de decir”, murmuró P, mientras le daba un beso suave en el cuello y pensaba en lo interesante que parecía ese chico desconocido, camarero del bar de siempre, al que nunca le había prestado demasiada atención, pero que aquella noche sabía decir las palabras exactas que enamoran a una chica. R se puso un tanto nervioso mientras P abría la puerta. Su casa era pequeña, llena de libros y discos, con una minúscula cocina americana ordenada con pulcritud. P cogió unas cervezas del frigorífico y le ofreció una a R. El chico bebió un trago para entretenerse con algo que evitase la conversación directa. Quiso fumar, pero ella le dijo que en su casa no. “¿Seguirás diciéndome cosas bonitas?”, preguntó P con una media sonrisa mientras devolvía el cigarrillo de R al paquete. R se quedó parado. Él nunca decía cosas bonitas. Solía desenvolverse con un “lo siento, me queda poco cambio” o “en diez minutos cerramos”. A veces soltaba un “déjame en paz” o “vuelve más tarde”. Con las chicas se defendía con unos minutos de conversación insustancial y un “¿te vienes a mi casa?” que solía funcionar. Pero nunca decía cosas bonitas, de esas que enamoraban a P. “Venga, dime algo”, insistió P. R quiso decir “¿en serio que no puedo fumar?”, pero se calló. Ella le miraba fijamente a los ojos y R no sabía cómo salir del paso. Al final, la agarró de la cintura y la empezó a besar en los labios mientras le arrancaba la blusa. La desnudó bruscamente, en menos de un minuto. A P le gustó, casi tanto como la frase. Se excitó mucho. R es un chico que sabe lo que le hace feliz a una mujer, pensó.

Ya en la cama, P devoró a R. Se fijó en sus ojos, en sus labios, se clavó sobre él pensando que el amor de su vida al fin había llegado. R, mientras tanto, buscaba una frase con la que convencer a P que era capaz de enamorar a una mujer con unas bonitas palabras. Pero no se le ocurría nada. Mientras P se estremecía, R se sumía en la frustración. Necesitaba una frase. No se podía correr. Después de dos horas, P se retiró rendida, convencida de que se encontraba ante una verdadera máquina de amar. “Es el hombre perfecto”, resolvió. Se había enamorado. R, sin embargo, se repetía la misma pregunta: “¿Y yo qué le digo ahora?”. P se abrazó al pecho de R, le besó en el hombro y cerró los ojos, quizá pensando en el siguiente regalo de amor que recibiría. Pero R seguía en silencio. Le dio un beso en la frente, le acarició el pelo y la espalda y trató de ganar tiempo. Debía decir algo bonito. “No dices nada…”, murmuró P con los ojos entreabiertos. R miraba al techo con la mente en blanco. Se dio cuenta de que solo tenía una salida. “Lo siento, pero tengo que marcharme”, afirmó. En un instante, se levantó de la cama y se puso los pantalones. Nunca se había vestido a mayor velocidad. P lo observaba fijamente. R cogió la chupa y, con un gesto de suma tristeza, se despidió. P se abrazó las piernas y se dio cuenta que además R tenía un punto misterioso que lo convertía en irresistible. R se quedó parado en el portal. Observó cómo amanecía. Se encendió un cigarrillo y comprendió que nunca más la volvería a ver. Se dio cuenta de que él no sabía decir cosas bonitas.

Las imágenes que acompañan este relato forman parte de la serie “Cartografías”, de Tatiana Parcero, una artista mexicana que utiliza su propio cuerpo para construir una nueva geografía interior.

En pocas palabras…

Elliot Smith – Jealous Guy.mp3

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EL VERANO ME TRAE

L_12Coleguita parecía desaparecido, pero no. El 3 de septiembre de 2009 regresó de sus vacaciones y nos contó su experiencia.

Buenas a todas. Sé que me habéis echao de menos, a vuestro coleguita, a vuestro ayatolá de la noche, a vuestro poeta del aquí y el ahora, a vuestro rey de copas. Desaparecido en las tierras de Chauen, eso sí, pero de vuelta. Traigo toda la sabiduría de los montes de Ketama, unos cuantos talegos de doble zero culero y ganas de todo. Ayer quedé con el Neo y lo vi peor que nunca, ha pillao la gripe ésa y se le han puesto los forúnculos cuadrados. El cabrón va por los colegios explotándoselos sobre las piruletas que luego les regala a los críos. ¡Hay que ser imbécil! Así luego no hay quien se acerque a la escuela a pasarles droga sin resultar sospechoso. Así no hay manera de reflotar el negocio. Si nos fallan las nuevas generaciones… Por cierto, que he oído que el uno por ciento de los chavales de trece años ha probado la cocaína. No sé, no sé, yo los que conozco se meten todos. Creo que la mejor edad son los once, justo antes de pegar el estirón. Les dices que es pica-pica para la nariz y les encanta. Más que el tulipán. Qué bonita es esa inocencia… En fin, que los que tenemos callo de aquí ya no nos mueve nadie, como del barco de Chanquete. Hostia, que me da la nostalgia. Besos a todas.

El alemán Marcel Steger toca todos los palos, pero nos gusta especialmente cuando se pone gamberro.

De vuelta…

Animal Collective – Bleed.mp3

Fleet Foxes – Grown Ocean.mp3

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POLAROIDS GIRL

anna-red-21Sonia Fides nos envió el 8 de agosto de 2009 un breve cuento sobre el tiempo, el momento y el cuerpo. Es precioso.

 

El problema ha quedado expuesto

parece que no tiene solución 

              Christina Rosenvinge

 

La muchacha era demasiado mayor para llevar vestidos transparentes, demasiado joven para encadenarse a unas gafas de sol para que la genética escupiera sus primeras arrugas. El tiempo siempre se olvida de esas mujeres a las que el Altísimo quiere que le sigan sentando bien unos pantalones vaqueros.

La muchacha era demasiado mayor para quedarse quieta en la foto, algún asesino había hecho desaparecer su Polaroid justo ahora que estaba dejando la juventud. Salió corriendo de la habitación, algo le decía que no debía fiarse de las cámaras digitales.

Sonia Fides (21 de julio de 2009)

Katika & Polaroids experimenta con el color y el calor de la imagen casi instantánea, esa que se asemejaba a un pequeño momento perturbado y fugaz.

Clic…

Christina Rosenvinge – Expensive Shoes.mp3

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SOLUCIONES

crucesAlicia Lázuli siempre da con la solución (texto publicado el 5 de agosto de 2009).

Hemos tardado un poco, pero por fin han llegado las soluciones a nuestro cruZigRama publicado el pasado 31 de mayo y recogido en la exposición Zaragoza Rebelde. Espero que hayáis acertado…

Hasta la próxima…

Chris Isaak – Wicked Game (YouTube)

Chris Isaak – Blue Spanish Sky.mp3

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