QUÉ FUERTE…

zapateroEl 10 de febrero de 2008, en vísperas de las elecciones generales, Cuca Guillén descubrió algo que desconocía de su marido.

Esto es muy fuerte, hard, hard, hardcore, que dice mi peluquero Paquito cuando ve a la guarrindonga de la Esteban en top less en la Interviú. Llevo toda la semana sin dormir, a base de bollos con crema y dándole candela a la Visa, porque es que no lo puedo soportar, chica, que yo esto nunca me habría imaginado que me pudiera pasar a mí, una mujer con una reputación intachable y que lo más rojo que ha tenido cerca ha sido un traje de Valentino. Una vergüenza, oyes, que ni se lo he mencionado a Pitusa, que aunque vaya de amiga en el fondo es muy cotilla y sería decírselo y pasarse por la Peñaza para contárselo a todas las perracas que están por ahí con los colmillos afilados buscando una excusa para hundirme, vamos, que me las conozco. Bueno, empiezo por el principio, que si no me atropello y no se me entiende. Estaba pasando una fase de mi vida superfeliz, porque llegan las elecciones y las cosas se van a volver otra vez a su sitio, que es donde deben estar, con los nuestros en el gobierno para poner orden en esta España de separatistas, ateos y homosexuales (ya me perdonarás Paquito, pero lo que es, es). Los curas ya nos han llamado a la gente de bien a votar a don Mariano, el Cañete diciendo verdades como puños (que sí, que lo corroboro, que las ecuatorianas no hacen las camas como se hacían antes, cuando el servicio de hogar era patrio y rezaba el rosario en la cocina) y el traidor de Gallardón, en una esquina castigado por rojo y repelente niño Vicente (es que yo siempre he sido muy de la Espe, oyes). Y en estas, me entero de la noticia. Estaba en la cama con Carlos, con la mascarilla facial y las rodajas de pepino, y va y me suelta: “Pues yo igual voto a Zapatero”. “¡¡¡¿¿¿¿QUÉÉÉÉÉÉÉ?????!!!”, grité. Le metí un guantazo y me entró el pánico. Pero luego me dije: “Ah, tonta, será una broma, cómo es este Carlos… Si es de derechas de toda la vida, como yo”. No era broma. “¿Qué pasa, que no puedo votar a quien quiera o qué?”, me contestó. ¿A quien quiera? Pero cómo va a votar a quien quiera, hay que votar bien y votar bien es votar a don Mariano, no cabe otra opción, por Dios bendito… Después de dos horas de pollo descomunal, acabé en la cocina llorando, hinchándome a valerianas y a cruasanes. ¿Y ahora qué hago yo? Como esto trascienda, voy a ser la risa del golf, con todos chismorreando y diciendo: “Mira, por ahí va la mujer del rojo”. Qué humillación. Y estoy convencida de que esto es el principio, que Carlos empieza por votar al Zapatitos y se acaba fugando con una pelandusca con las tetas más operadas que yo, que estos del PSOE son todos unos salidos. O peor, se me hace maricón. ¿Y ahora cómo me separo yo si soy católica y no me puedo divorciar? Esto lo voy a tener que apañar en La Rota… ¿Y qué va a pasar con los niños? ¿Se les reirán en el colegio y crecerán traumatizados por culpa del imbécil de su padre? Oyes, que de momento mi marido no se acerca a los críos por lo que pueda pasar, que hay que vigilar su educación, y hasta que las cosas no cambien va a dormir a la casita de los invitados, no nos vaya a pegar alguna enfermedad, que con estos rojos nunca se sabe. Y yo a ver si resuelvo esto lo antes posible porque solo tengo un mes para mantener unida a esta familia. Es que no doy para desgracias. Es un suma y sigue. ¿Pero por qué tengo tan mala suerte con los hombres?

Agustín Sciammarella es un magnífico ilustrador y caricaturista argentino que trabaja para el diario El País. En la imagen, uno de sus dibujos de Rodríguez Zapatero.

Hoy toca divertirse…

Madness – Our House.mp3

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Acerca de cajadeloshilos

Somos tres carretes sin hilo. No tenemos ni presente, ni futuro. Sólo nos une el origen. Un pequeño gran bar zaragozano, donde entre cervezas y humos descubrimos que la ciudad deshilachada aburre. Que hay que coserla. Ahí nació todo. Quizá fue por una canción. O por una borrachera. O por la mirada expectante de Helena. El caso es que allí se encuentra el principio de nuestros desvaríos. El tiempo y la mala fe de algunos frustraron ese punto de encuentro. Pero no se perdió su espíritu y allá donde fuimos nos acompañó “La caja de los hilos”. Ahora volvemos a apuntar el rumbo. Solo necesitamos un hilo, un dedal, una aguja, un trapo viejo y un poco de habilidad. Si queréis colaborar con nosotros, nos podéis enviar vuestros textos a la dirección cajadeloshilos@gmail.com
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